Hace menos de un año culés y merengues se abrazaban, saltaban y lloraban juntos de alegría celebrando el que ha sido, hasta el momento, el único Mundial de fútbol que ha ganado el fútbol español. En una final épica y memorable los "jugones" nacionales sorteaban entradas al tobillo, las rodillas o incluso al mismísimo esternón a lo Jean-Claude Van Damme como la que recibió Xabi Alonso de los aguerridos "tulipanes" que abandonaron su Fútbol Total, así en mayúsculas, para abrazar la agresividad en 120 minutos de encuentro para olvidar. Holanda debió quedarse con diez jugadores, si me apuran hasta con nueve, de haber existido un arbitraje medianamente correcto. Sin embargo el fútbol inteligente pudo a la fuerza bruta y aquel gol de Iniesta, Don Andrés, hizo justicia por una vez con el fútbol español, huérfano hasta la fecha de un logro acorde con el poderío de sus clubes y de su afición. Por calles, plazas y caminos la gente danzaba y gritaba la alegría que por unos momentos nos hacía olvidar el paro, la crisis y los problemas cotidianos. Los culés ensalzaban la jerarquía de Casillas, el buen hacer de Ramos y Alonso y la enorme aportación de Arbeloa o Albiol. Los merengues se entregaban incondicionalmente al estilo de juego tiki-taka, término acuñado por Andrés Montes quien hubiese disfrutado como un enano la gloria de aquel día, que los blaugranas entregaban al resto de compañeros de selección. Busquets era poco más que el medio centro del futuro, Xavi el mejor jugador español de todos los tiempos, Villa el "killer" del que todos nos enorgullecíamos e Iniesta..... Iniesta era Dios.
Sin embargo 10 meses después Casillas es un "bocazas" y un quejica, Xabi Alonso y Arbeloa dos leñeros de cuidado y Albiol ni se sabe lo que es mientras que Sergio Ramos, aparte de destrozar copas se ha convertido en símbolo de lo absurdo y la ignorancia para la prensa catalana. Para el otro bando Busquets es un cuentista y un teatrero, Villa no sirve ni para apartarse, Xavi no vale nada si le ponen al lado a un "Pepe" e Iniesta.... Iniesta sigue siendo Dios aunque no recibió aplausos en el Bernabèu, tal y como sucediera ante las soberanistas aficiones de Bilbao y San Sebastián. Y es que en medio ha habido cinco Clásicos del siglo, una vez más.
La manita. La venganza
Todo comenzó antes del mundial. En una semifinal de Liga de Campeones. La cabalgada frenética, vehemente, visceral y provocadora índice en alto en medio de un Camp Nou, que muy poco deportivamente puso en marcha los aspersores de riego, de un señor que ha de mostrarse magnánimo en la victoria despertó los odios hacia un personaje siniestro y egocéntrico. José Mourinho no supo ganar como tampoco supo nunca perder. Dicen que la cara es el espejo del alma y el señor Mourinho tiene un rostro avinagrado que no deja lugar a dudas y por si queda alguna sus gestos, recuérdense las afrentas al banquillo del Levante, o sus insultos como los dirigidos al Sporting acaban de ponerle en el sitio que con tanto anhelo busca, el disparadero. Mourinho, ex segundo entrenador del Barça a mediados de los noventa con Robson y Van Gaal y entonces entrenando al Internazionale de Milán, calentaba la serie de dos encuentros con su ex club en las salas de prensa. Para colmo de males en la ida, jugada en Milán, el Barça caía 3 a 1 no sin polémica. Un gol en claro fuera de juego de Milito, otro que precede de una falta previa tambíén muy clara sobre Messi y alguna pena máxima de libro no señalada sobre Alves, dejaba al barcelonismo muy tocado y enfadado. Pero no hubo excusas. El Barça no jugó bien y lo pagó. Guardiola que pudo quejarse y con razón no lo hizo. Se apelaba a la heróica. Sin embargo en la vuelta, más polémica. El Inter se quedaba con diez por un manotazo de Motta a Busquets y que debió ser amarilla. Con diez el Inter se metió atrás a defender el 3-1 de la ida. A falta de cuatro minutos, cuando parecía que Mourinho le había ganado la partida a Pep Guardiola, Piqué marcó el uno a cero. Quedaban siete minutos para la heroicidad. En el añadido marcó Bojan pero el gol no subió al marcador. Era gol legal, el comentarista interista de la cadena italiana Sky Sports Italia así lo reconocía: "non è falla di mano" y luego se reía. Era el gol que dejaba fuera al Inter de Mou. Pero no hubo quejas. Los jugadores azulgranas callaron y felicitaron al rival. no había injusticia ni robo, el Inter fue mejor y aprovechó sus aciertos así como los errores del rival y del árbitro. La única laguna culé los aspersores que regaron la alegría interista y la discusión acalorada de Valdés con el portugués. Por su parte, la de Mourinho, gestos exagerados a la grada protestando todas las decisiones e incluso una colleja a medio camino entre la broma y lo serio a Guardiola en el transcurso del partido. Debió ser sancionado. Pep, en la consecución y celebración del título liguero, prometió "vendetta" deportiva y advirtió de que en 2011 estaríamos en Wembley. Cumplió su promesa. Poco después Mourinho, justo antes de jugar y ganar la final de Champions, ya había firmado por el Madrid. Florentino veía en el portugués al anti-Cristo que necesitaba para contrarrestar el toque del de Santpedor. El madridismo gritaba en silencio "ahora os vais a enterar".
La venganza deportiva se fraguó pocos meses después, para entonces España ya tenía un Mundial y Mourinho conducía al Real Madrid encaramado en lo más alto de la tabla. El club blanco visitaba el Camp Nou como líder y con la sensación de que jugaba más y mejor, con la sensación de que había fulminado la hegemonía blaugrana. Pero los de Pep se reservaban una baza, el fútbol. El Barcelona jugó ¡y cómo jugó! Mareó a su rival hasta el punto de desquiciarlo y le endosó un correctivo de 5 a 0. Cánticos contra Mourinho con sorna en la grada mientras el portugués, que no supo ganar, demostró que tampoco sabe perder. No compareció ante los medios y abrió el telón de su teatro de lloriqueos y quejas arbitrales. Un más que discutido penalty a Ronaldo con 2 a 0, un fuera de juego en el 4 a 0, incluso la expulsión de Ramos. Ramos que ante el baile blaugrana perdió los nervios y propinó una patada en carrera a Messi digna de roja, sanción de varios partidos y sanción de su propio club por conducta indigna de un jugador. Para rematar la faena Ramos agredió, claramente y ante las cámaras de medio mundo, a los que habían sido sus compañeros en el Mundial, Xavi y Puyol. Los malos modos avinagrados del portugués habían calado en el vestuario y sobre todo el "no saber perder". Hasta la prensa más madridista asumió la derrota y las críticas comenzaron a lloverle a Mourinho que comenzó con la "manita" una serie de descalificaciones, sin nombrar nunca ni al Barça ni a su entrenador, contra el eterno rival. El azote blaugrana, afrentado en la que fue su casa, animaba portadas y alimentaba la "teoría de la conspiración" con chorradas del tipo. "los jugadores de los equipos que se enfrentan al Barça no le hacen falta a Messi", "el Sporting se ha dejado perder en el Camp Nou", "los horarios nos perjudican", etc, etc, etc.... Mientras el Barça a lo suyo.
El 1 a 1 del Bernabèu y la final de Copa
La liga transcurre con partidazos del Barça y altibajos del Madrid. A pesar de todo, da la sensación de que el Barça va a menos y los madridistas a más. con estas y ocho puntos de diferencia en la tabla Madrid y Barça se ven las caras en Chamartín. Una victoria merengue acercaría a los blancos y además los llenaría de moral de cara a los partidos de Copa y de Champions, cuatro en 18 días. En la primera parte un penalty claro sobre el Barça de Casillas sobre Villa se queda sin sanción y la correspondiente tarjeta roja para el extraordinario meta madrileño, tal y como reflejaba el diario Marca en su crónica del día siguiente. El Real mantenía a raya al Barça que apenas creaba peligro en área rival, por contra los blancos daban sensación de que en cualquier momento se harían con la victoria. Pero Albiol cometió penalty en la segunda parte y además vio la roja directa. Nadie protestó la jugada, ni siquiera Albiol. Parecía bastante clara. Marca Messi. El Madrid con 10 y argumento para Mourinho que, aún sabiendo que pudo haber sido peor de haberse señalado la jugada de Iker en la primera mitad, decidió escudarse en la expulsión. Con 10 el Madrid jugó aún mejor y empató con un penalty que, una vez vistas mil repeticiones, aún no queda claro. Pero el colegiado no dudó y es lo que vio en el campo, sin repeticiones ni ayudas de monitores. Penalty indiscutible y gol de CR7. Parece que la liga ya estaba definida pero este encuentro fue un punto de inflexión. El mensaje de que Mourinho siempre acababa sus partidos contra el Barça con 10 jugadores calaba en la prensa y por extensión en los aficionados blancos. Por otra parte su equipo salía reforzado por la imagen dada en inferioridad numérica. El entrenador madridista afirmó en rueda de prensa que "había ensayado con 10 por que sabía que iba a pasar".
Con la moral crecida, cuatro días después, se disputaba en Mestalla la final de la Copa del Rey. El Madrid jugó más y mejor la primera mitad. Pero también se empleó con dureza. Marcelo y Arbeloa dejaban los tacos en las piernas de Villa y Messi en la primera parte. La de Arbeloa fue, sin duda, la que más claramente dejó patente que el Madrid iba a por todas. Podría haber visto la roja pero no fue así, el mensaje de que "siempre me quedo con 10" había calado en el subconsciente del árbitro. Pepe, renovado a mediados de temporada por que según Mourinho era la clave de este Madrid, incluso pudo ver una segunda amarilla al filo del minuto 90. No fue así. Tan sólo Cristiano Ronaldo parecía querer jugar, y cómo jugó el de Madeira, que nivel de juego, que potencia y que competitividad. Excelente. Marcó y la copa a Cibeles, previo paso por las ruedas del autobús madridista tras caérsele a Ramos de entre las manos. Sin embargo algo pasó inadvertido para mucha gente menos para Mourinho que es muy inteligente. La segunda parte del Barça. Conforme avanzaba el encuentro los de Guardiola supieron leer mejor el partido y se hicieron con el control, ni siquiera el trivote con Pepe martilleando las espinilleras de Messi, podía frenar los pases al hueco. Sólo Casillas pudo evitar en tres ocasiones que la portería fuera profanada.
Los cruces de Champions. Estalló la crispación
Ni ganar la Copa del Rey calmó a Mourinho. El portugués quería más y avisaba. No quería quedarse con 10. Lógico. Pepe jugaba al límite y mostró su cara revanchista con el gol de CR7 dedicando dos sonoros cortes de manga al público culé, algo que, sin embargo, ha pasado desapercibido. Como digo, la segunda parte del Barça en Mestalla hizo más mella en Mourinho que en Guardiola el global de los 120 minutos. El Madrid se parapetó atrás, esperaba al Barça y jugaba al 0-0. Los culés cómodos pero con miedo y el Madrid en medio de un rondo que desesperaba a Cristiano Ronaldo y a la parroquia que comenzaba a silbar a los suyos. La segunda parte más de lo mismo. "The Special One", cómo él mismo se autodefinió en su etapa inglesa, dejó a Kaká, Benzemá e Higuaín en el banquillo a pesar de que le habían endosabo un 3-6 severísimo al Valencia en liga. Pero eso sí. Adelantó las líneas y con ello la presión a los defensas culés. En una acción de despeje de Dani Alves, Pepe entró a destiempo, con los tacos por delante, incluso en la repetición se advierte como gira la bota para impactar con la pierna del brasileño. Toca claramente, por mucho que el Real Madrid ofrezca un vídeo en que Pepe no roza siquiera al lateral blaugrana y que sin embargo en las teles que dieron el partido muestra el contacto. Pero el colegiado alemán Stark no duda. Roja a Pepe. La polémica está servida. El Real otra vez con 10. O peor, Mourinho otra vez con 10. Pero una cosa está clara. Mientras para la parroquia merengue es amarilla y la culé es roja, para la prensa europea es naranja. El criterio del árbitro fue esencial aquí. Sólo había casi unanimidad en una cosa, el planteamiento de Mou fue rácano y cobarde. No quiso jugar como en Mestalla, arriesgarse a que el Barça en una segunda parte como la de la final de Copa perforara la portería de Casillas y enfrentar se al enemigo en campo contrario con un gol que podía ser de oro. Las críticas a Mourinho se hicieron patentes. Pero listo como nadie supo desviar la atención en la sala de prensa. Toda la prensa mundial, todos los entrenadores europeos y españoles condenaron lo dicho por él y su planteamiento generó dudas hasta en CR7. Pero ya era tarde, la excusa sonó tan fuerte que ya nada podría enmendar el asunto. Si el Barça, que ganó 0-2 con golazos de Messi, eliminaba al Madrid sería por el árbitro y si el Madrid pasaba era poco menos que una proeza heróica digna de entrar en los anales de la Historia. No se habló de fútbol. Ni siquiera de que tras fichar a CR7, Kaká, Benzemá, Xabi Alonso, Garay, Di María, Özil, Khedira o los relegados al ostracismo Pedro León y Pedro Canales, al final la clave de este Madrid hecho a golpe de talonario de Florentino Pérez son Higuaín y Pepe. Dos fichajes de Calderón que en dos años ganó dos ligas, limpiamente. No así las elecciones en las que resultó elegido presidente que demostraron que algo podrido había en la casa blanca. Un Madrid para la Historia, con unos jugadores de superlujo, confiaba su suerte al catenaccio en casa, con un Pepe rayano en la brusquedad y excusas salidas de tono en la sala de prensa. Por que se podría tener razón pero nunca se ha de perder la elegancia. Valdano, al que Mourinho prohibió entrar en el vestuario, se quejó igualmente de los arbitrajes pero nunca perdió la compostura. Mourinho centró sus excusas en él.
El Barça, por su parte, también perdió muchas batallas en este partido. La más importante la de la credibilidad. La insistencia en las quejas de Mou calaban tanto que parecía que todo estaba podrido, que era inmerecido y que la corrupción campeaba a sus anchas por la Masía y por extensión al resto de Europa. Otra batalla de credibilidad perdida fue la de sus jugadores exagerando las entradas de los madridistas. Busquets echándose las manos a la cara cuando ni lo tocaban, Pedro retorciéndose en el suelo por nada, Alves quejándose de faltas que no existían. Un espectáculo lamentable y deleznable. Tanto o más como la criminal entrada de Pepe o los sí existentes pisotones con los tacos en el glúteo y pierna de Pedro por parte de Marcelo. Esa fue jugada de penalty y expulsión pero, como las "butifarras" de Pepe, quedaron en el limbo. Pero existieron. Conclusión. Mourinho es el Clint Eastwood del fútbol europeo, dirige e interpreta como nadie sus películas. No caben protestas del arbitraje de Stark que vio como roja una muy dura entrada de Pepe, es el riesgo que asumes cuando juegas al límite, y no cayó en las simulaciones antes señaladas. Mal por los jugadores del Madrid que se dedicaron a esperar y dar zarpazos y mal por los culés que fingieron donde no había nada. Lo poco que hubo lo pitó bien el colegiado..
Con 0 a 2 llegamos al Camp Nou, donde en mi opinión se cometió el único y más grave error arbitral de la eliminatoria y del cruce de clásicos. El gol anulado a Higuaín. La final de Copa pudo haber visto un par de rojas al descanso y el Madrid quedarse con 9, pero el árbitro no lo vio o no lo consideró, es su criterio y está bien aplicado. Stark creyó conveniente expulsar a Pepe, bien está, o no señalar nada en la agresión de Marcelo. No la vio, no es ni siquiera un error. Pero en Barcelona sí hubo un claro error. Un gol anulado a Higuaín. Era el 0 a 1 y medio partido por delante. El árbitro interpretó como falta a Mascherano un derribo de Cr7 al argentino. Desde luego existe. En la continuación Higuaín marca. Pero lo cierto es que Ronaldo fue derribado por Piqué y su inercia cae sobre el jefecito derribándolo. Quizá debió señalar la falta a CR7. Un error grave. Casi tanto como los que un año antes en San Siro provocaron la entronización de Mourinho, castigado ahora en el hotel, ante su rival de ahora.
Al final triunfa el fútbol pero también la estrategia maquiavélica de Mou
Creo que no hay para tanto. Que ha pasado a la final el mejor y que de haber jugado más al fútbol y menos a la destrucción el Madrid hubiese acabado todos sus partidos con 11 jugadores. Pero igualmente creo que hubiese sufrido una afrenta similar al 5 a 0 del inicio de este post. Lo de los errores arbitrales son puntuales y frecuentes, por desgracia. El mismo Mourinho ganó dos Champions con errores de este tipo, si no que se lo digan al Depor cuando cayó ante el Oporto o como ya he comentado la Champions 2010, por lo que al final ganar una Champions es una suma de factores, juego, lesiones, tarjetas, meteorología y arbitrajes. Lo peor es que Mourinho ha demonizado todo de manera que sí el Madrid gana no es por ninguno de sus jugadores, a los que parapeta atrás, agazapados esperando un zarpazo, ni siquiera por la inversión de su presidente. Gana por qué él ha trazado un guión y se ha seguido a la perfección y si no es así es culpa de una conspiración judeo masónica. Pero esa misma teoría conspirativa se le va a volver en contra. Por lo pronto, como portugués, también ha fomentado el mal rollo en la selección española. Y conociéndolo como ya lo vamos conociendo, no es descabellado pensar que tras haber declarado abiertamente que le hubiese encantado ser seleccionador nacional de Portugal y tras haber sido eliminado su país del Mundial por España, con escupitajo de CR7 incluído, que un daño colateral interesante para sus intereses fuese el desmontar la hegemonía del fútbol español, campeón de Europa y del Mundo. Sí es así, puestos a sostener teorías conspirativas, lo ha conseguido y si no, al tiempo. Mourinho se irá del Madrid, como la peste, no querrá ser recordado como los barcelonistas no quieren oír ni hablar de Gaspart o Van Gaal (nefastos para el barcelonismo) y cuando eso ocurra disparará contra todo lo que se menee. Mientras tanto, tras cruzar acusaciones con su director deportivo, Jorge Valdano, sobre la necesidad de un nueve por la lesión de Higuaín en los partidos clave deja a Benzemá, Higuaín y al recién fichado Adebayor en la banca. El propio Manolito, un jugador exquisito en sus anteriores clubes, mereció ser expulsado en los dos encuentros europeos por agresiones a jugadores azulgranas. Incluso el propio Kaká, contagiado de la vorágine devoradora de fútbol y diría que de personalidades, empleó como único recurso la presión y la falta en el Camp Nou. Tan sólo el ego de Cristiano Ronaldo es mayor que el de su téncnico y lo pagó en liga por decir tras el 0-2 que no le gustaba jugar así y Mou a sabiendas de que en la particular guerra anotadora del crack luso este desea adelantar a Messi no dudó en dejarlo en la grada el partido posterior. Claro que aquí el ego del jugador es así por su complejo de superioridad, física y futbolística sobre el resto de mortales, mientras que el ego de don José parece tener un punto de partida en un claro complejo de inferioridad absurdo, nadie es más que nadie.
Ya en frío es justo reconocer algún error arbitral, pero no son más los que benefician a uno que a otro. Donde hay un gol mal anulado contra uno tenemos dos expulsiones claras que no se producen. Donde tenemos una expulsión determinante hallamos otra más clara que no llega. Al final, objetivamente hablando la balanza se halla equilibrada y el Madrid sólo tiene una maltrecha y magullada copa que sabe a poco, a la vez que se ha ganado el odio de todos los campos a los que va de visita. Insultos, risas, amenazas de muerte otrora impensables hacia el Real Madrid han sido la moneda de cambio este año... y es que la vehemencia no es algo exclusivo de don José. Pero una cosa sí es cierta, eso antes no pasaba, ni siquiera el año pasado cuando Pelegrini presidía el banquillo. Nunca supo reconocer públicamente sus errores, pero tampoco se quejó de los árbitros. Pero dijo algo que le costó el puesto "la temporada que estamos haciendo es la mejor de la historia del Real Madrid, pero hemos tenido la mala suerte de topar con el mejor Barcelona de la Historia". En Alemania, Reino Unido o Italia hoy se ensalzaba el juego de unos y la mezquindad del planteamiento del otro. Aquí una muestra: "Cacería contra Messi. Pero Barcelona está en la final", titula en sus páginas deportivas el diario "Bild".
"Der Tagesspiegel", por su parte, dice que si José Mourinho hubiera estado en el banquillo no hubiera tenido nada de que quejarse frente al árbitro y que lo único que puede criticársele a De Bleeckere es que permitió que el Madrid terminara el partido con once jugadores.
El "Berliner Zeitung", por su parte, califica a De Bleeckere de "árbitro compasivo". "Aunque Carvalho estuvo rogando permanentemente que le mostraran la tarjeta roja de Bleeckere lo perdonó. Lo mismo que a Marcelo por una falta digna de expulsión contra Messi", dice el diario. También el diario generalista italiano "La Repubblica" resalta en dos de sus páginas el "himno a la gloria" que supone el juego de los blaugranas y asegura que ayer se impuso "el Bien sobre el Mal". Y así en Francia, Holanda, Rusia, Brasil o Argentina. Tanta gente que no es ni de un equipo ni otro no puede estar equivocada.
La final de Champions la jugarán dos equipos que lo merecen, el Barça y el que gane del Manchester - Schalke 04, por que esa es otra. Raúl lo merece, eso, ir a la selección y una última cosa. Por eso quería Flo que se marchara, Raúl no le hubiese permitido a Mou adoctrinar el vestuario de esa forma ni salirse de la elegancia propia del Madrid, el bariobajerismo no hubiese aparecido. Con Raúl esto no hubiese pasado e incluso el Madrid hubiese ido a la final, por que Raúl es fútbol y el fútbol siempre triunfa.