26 marzo 2011

Revueltas árabes. La madurez del pueblo musulmán

"Antes de la última glaciación el homo sapiens sapiens ya había evolucionado anatómica y físicamente al hombre moderno. No existen diferencias de ningún tipo con lo que somos hoy, sin embargo fue tras la última glaciación, una vez que esta finalizó, que la especie humana comenzó a domesticar animales y a cultivar plantas dando lugar al Neolítico ¿sabrían ustedes decirme por que, habiéndose dado las mismas circunstancias climatológicas, anatómicas y ecológicas no fue hasta hace 10.000 años que no se inició dicha revolución?". Jamás olvidaré esa pregunta, nunca. La soltaba el catedrático de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada Javier Carrasco Rus en una de sus clases. Ahí estaba yo, en clase, y la respuesta en mis labios, nadie contestaba y se hizo un silencio eterno. Para mí la respuesta era tan obvia y sencilla que casi no me atrevía a contestar pero lo hice: "por que la especie no había madurado lo suficiente". En efecto, esa era la respuesta. Por supuesto el querido profesor, un amante de un pueblo fantástico como el turco, explicó el porqué no había madurado y en qué consistía dicha madurez. Recuerdo esa clase como aquella en la que por un momento me sentí inteligente pero sobre todo por que Don Javier hablaba despertando mi curiosidad sobre la época y por que me pareció mejor que ir a un cine a ver una excelente película, a un concierto a deleitarme con la mejor de las óperas y por que sus conocimientos abrían mi mente haciendo comprender tantas cosas que casi no necesitaba ni estudiarlas, solo había que sacarlas por mera lógica. Aún hoy me sirve aquella clase "magistral".
La Historia de la Humanidad está salpicada de muchas revoluciones. Sin duda la más importante fue aquella, la Revolución Neolítica. Hasta esa fecha las personas que habitaban la tierra, apenas unos cientos de miles en todo el globo, lo tenían fácil. Sólo habían de habitar los sitios más favorables para subsistir, aquellos en los que hubiera agua suficiente, que dispusiera de un clima benigno, ni demasiado frío ni demasiado calor. Que proveyera de las especies animales y vegetales necesarias para una alimentación de subsistencia, de materiales para vestirse o incluso para realizar útiles precisos para cazar, confeccionar ropas o simplemente abalorios. La naturaleza lo daba todo. Cuevas donde refugiarse, alimentos, buen clima y había para todos. Pero las áreas donde se asentaban estos grupos humanos comenzaron a desertificarse y a escasear el alimento. Había recorrer cientos de kilómetros al año y cada vez era más complicado no entrar en conflicto con otras tribus que ocupaban zonas mejor dotadas. Además el número de congéneres iba aumentando. Se hacía necesaria una solución y hete aquí que los humanos ya habían aprendido lo suficiente y transmitido a través de las generaciones del comportamiento de la naturaleza: los ciclos de la luna, las estaciones, el crecimiento de las plantas y las épocas de reproducción de sus especies animales favoritas para alimentarse, incluso aquellas que era más fácil amansar. Vieron la comodidad de mantenerse en un mismo sitio si cultivaban un poco de cereal y domesticaban alguna cabra. Alimento para todo el año con poco esfuerzo. Además seguían recolectando y cazando. Pero así fue como llegó esa madurez que desembocó en la "Revolución Neolítica". Una mezcla de acumulación de conocimientos, anhelo de una vida mejor pero sobre todo por una mera cuestión económica, el sustento.
Estos días vivimos una revolución que me recuerda a aquella pregunta y mi respuesta. Una revolución que bien podría parecerse a la de hace 10.000 años. La están protagonizando los países árabes. Desde Marruecos a Yemen surgen movimientos de ciudadanos pidiendo libertad, democracia, acabar con la opulencia de sus jeques y dirigentes que se dispara en la misma medida que su miseria. Están achacando a las redes sociales como Facebook, Twitter o Youtube estas denominadas "revueltas" -término que no me gusta absolutamente nada y que me recuerda la novela Salambó de Gustave Flaubert- que, en unos casos pacíficamente y en otros de manera cruenta, están copando portadas de diarios, cabeceras de informativos y titulares de radio. Pero no, no es una mera cuestión de información a través de una red social. No olvidemos que en España no todos tienen Facebook o Twitter, ni siquiera ordenador. Por tanto, parece poco probable que todo Libia, o cada egipcio, disponga de una cuenta de estas que le abra las ventanas de su casa al mundo. No.
La civilización occidental ha vivido en una oscuridad permanente hasta hace escasamente unos 80 años. A partir de la finalización de la I Guerra Mundial y más aún tras las atrocidades de la Segunda, hemos ido adquiriendo una serie de avances de todo tipo, pero sobre todo sociales y económicos. Ellos han conllevado otros como los culturales. Sin embargo, aún viviendo cerca nuestra o incluso entre nosotros, las personas de creencia musulmana vivían aún, viven, en un a especie de Edad Media. Costumbres anacrónicas, países gobernados por dirigentes tiranos que aglutinan los tres poderes, legislativo, judicial y ejecutivo, y además uniendo en muchos casos, como Marruecos, religión y Estado. Ahora les ha llegado la madurez suficiente, ahora tienen la presión suficiente para protagonizar esta revolución, ahora les ha llegado la hora. Antes no se habían visto en la necesidad. El mundo que les rodeaba les era suficiente, pero ya no. Ahí si han jugado un papel importantísimo las tecnologías, sobre todo las antenas parabólicas y un fenómeno que el futuro colocará en la Historia, la cadena de televisión Al-Jazeera.
El pueblo musulmán madura, pero ojo, el peligro acecha y somos nosotros. Ya estamos interviniendo, sin haber aprendido la lección de que las democracias estilo occidental que se han querido imponer desde mediados de siglo XX en Próximo Oriente no son aplicables a estos países. La dispersión poblacional, el nomadismo imperante en amplias zonas de sus territorios, lo agreste del terreno y la peculiaridad de una economía de subsistencia basada en la autarquía imposibilitan un ritmo político-social occidental salvo en aquellas pequeñas franjas de territorio donde se asientan las grandes ciudades, pero aún sigue siendo muy importante el clan, la tribu y la jaima. Otra trampa: las grandes revoluciones políticas, el Neolítico fue una revolución económica, las suelen despertar las clases privilegiadas o interesadas que anhelan mejorar aún más su situación o simplemente ansían el poder. La Independencia de los países hispanoamericanos fue instigada por "españoles" como Simón Bolívar. La clase privilegiada de dichas regiones que egoístamente no querían contribuír con sus impuestos ni a la madre patria ni, mucho menos, al pueblo que los acogía al que consideraban de segunda clase. La burguesía moral o económica, casi siempre cogidas de la mano si no la misma cosa, despertó aquella revuelta y 200 años después sigue siendo la misma burguesía y los pobres siguen siendo los mismos. A pesar de todo hay algún ignorante que sigue sin ver muy bien que cuando Chávez abraza el "bolivarismo" lo que hace es abrir su cartera para meter dólares y cerrar el puño para gobernar férreamente. La Revolución Francesa la despertó la burguesía y se la hizo la masa de "sans culottes" al grito de "Vive la France". Hoy aquellos desarrapados viven mucho mejor, pero la burguesía gabacha sigue siendo la misma. Los nacionalismos ibéricos aprovechaban la lamentable falta de instrucción cultural de catalanes, vascos o gallegos del campo para engatusarlos. En realidad eran aquellos que vivían en sus pazos, los Sabinos Aranas acomodados y ricachones o la emprendedora clase industrial catalana los que deseaban saltarse el paso del incómodo Estado. Por desgracia aquel mensaje caló y aún hoy estamos donde mismo. Y así podríamos seguir.
Quiero decir con todo esto que detrás de estas revueltas árabes, sustentadas en unas necesidades económicas, morales e incluso ideológicas, se encuentran unas élites interesadas. Opositores de los regímenes que desean imponer sus intereses, fundamentalistas o integristas islámicos o simplemente lobys económicos. A esto le sumamos ese círculo de buitres que sobrevuela mientras enjuga su aparato digestivo y que llamamos occidente. Por que no nos engañemos. Iraq y Libia son igual, con resolución de la ONU o sin ella. Una resolución de la ONU no suele ser sinónimo de ecuanimidad o imparcialidad, no lo ha sido nunca ni lo parece que vaya a ser, al menos de momento. ¿una cuestión humanitaria? ¿Libia? ¿Más que Sudán, Uganda o Ruanda? Claro, de humanos europeos que necesitan el petróleo libio o iraquí. Al final es igual que llevemos bigote o ceja arqueada, el buitre sigue acechando y apoya sus sucios y asquerosos pies en la mesa del emperador, foto azoril incluída, o viste de falsa y retorcida sonrisa sus sucias mentiras y escusas. Occidente sigue siendo un buitre carroñero al acecho.
Así que desde aquí muestro mi solidaridad, mi apoyo, comprensión y esperanza al pueblo musulmán pero advirtiéndole de que las hienas del desierto y los buitres del norte acechan. Que los trajes de Armani y las palabras Libertad y Democracia que acompañan, y que los turbantes que ocultan mentes enfermas y retorcidas vierten bellas palabras del Corán con el mismo objetivo: comerse al pueblo. Pero el pueblo ha madurado.