13 diciembre 2011

Que calle Cayetano, o que trabaje algún día


No soy andaluz, nací en Cataluña, allí me crié y de allí me vine a Andalucía bien grandecito. Pero mis padres si lo son, mis abuelos, mis bisabuelos y mis tatarabuelos. También lo eran mis abuelos de cuarta y quinta generación. Lo sé por eso de haber estado investigando el árbol genealógico de mi familia durante los últimos meses. Mi padre, que nació en 1942 durante una terrible post guerra y en mitad de la II Guerra Mundial -me río yo de la crisis del euro- comenzó a trabajar con siete años. Tiene casi 70 y todavía no ha parado. Ahora volveremos con eso, hablemos del conde hijo de la duquesa.

Cayetano Luis Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart es un jinete español, y poco más añade la wikipedia sobre este conocidísimo personaje de la alta sociedad española. Pero es que poco más ha aportado el señorito. Cayetano es hijo de Cayetana, la cien veces grande Duquesa de Alba. Como tal, Cayetano es descendiente directo del rey de Inglaterra Jacobo II (James II), de su hijo bastardo James Fitz-James quien fue concebido en el vientre de Arabella Churchill quien a su vez es antepasada del que fuera Primer Ministro inglés Winston Churchill. Cayetano procede de una muy noble y aristócrata familia europea entroncada con los Estuardo, los Fitz-James, la Casa Real española, la Casa Real inglesa, etcétera, etcétera.


Con semejantes antecedentes parece que la vida don Cayetano no se ha visto muy necesitada de ejercer el divino castigo humano de tener que trabajar y cuando me refiero a trabajar estoy hablando de levantarse al alba (no con el ducado famoso) acudir a un campo a sembrar o recoger, una fábrica, una obra, a colgar jamones de 7 a 3, a servir desayunos y cervezas en un bar de barrio o cualquier otro desempeño del sector primario, secundario o terciario a cambio de poco más del equivalente a los actuales 1.000 euros. Don Cayetano no ha tenido nunca que estar con una bandeja en la mano sirviendo platos y copas en una boda desde las 11:30 de la mañana a las 02:00 de la madrugada, ni salir de guardia o ronda nocturna como policía y acudir a una obra a completar el sueldo por que lo que recibe no le llega. A don Cayetano no le ha hecho falta, a Dios gracias.


Don Cayetano ha heredado mucho dinero, tanto que sería imposible imaginarlo. Su familia es la poseedora de miles de hectáreas de cultivo por todo el país, pero sobre todo en Andalucía. Su familia es la heredera de la tradición laitfundista casi feudal que sumió a Andalucía en la miseria tras la conquista castellana. Su familia ha mantenido en régimen de esclavitud durante siglos a los campesinos andaluces que a cambio de un precario cobijo, un insuficiente plato de comida y de muchas injusticias trabajaban esos campos para engrandecimiento económico de sus ancestros. Grandeza ahora heredada por él. Don Cayetano, sin ningún rubor, ha heredado el tiempo ocioso, la posibilidad de explotar facetas que le gustan más como la equitación, el 'dolce far niente' endémico de los herederos de su familia, incluso ha heredado el gusto por las hembras de voluptuosas formas y bellos rostros que los hombres de la Casa de Alba han acostumbrado a amancebar durante siglos. Don Cayetano, en resumidas cuentas, ha vivido privilegiadamente y no me vale nada que contradiga esta afirmación ya que no conozco ningún aristócrata que haya renunciado libre y voluntariamente a todo esto por irse a currar a una obra. No creo que se cambiara por un subsidiado del PER, aunque de subvenciones la que sabe es mamá que trinca lo que puede para mantener la ingente cantidad de castillos y palacios que posee por toda la geografía nacional.


Don Cayetano, y pongámonos ya serios con él, que no ha dado un palo al agua en su vida y, probablemente, no lo va a dar jamás, se ha permitido el lujo de opinar acerca de la laboriosidad del pueblo andaluz y sobre la justicia y pertinencia de las subvenciones que estos reciben. Precisamente don Cayetano. El heredero de grandes latifundios, esos grandes latifundios que obligaron a un elevado porcentajes de andaluces a emigrar a Cataluña, País Vasco, Francia, Alemania, América y otras partes del país o del planeta buscando trabajar. Sí, por que en Andalucía era imposible ya que los que tenían en su poder, gracias a las injusticias históricas, la posibilidad de crear tejido productivo no lo hacían. En Andalucía no hay fábricas por que sus terratenientes no fueron emprendedores, entre ellos la Casa de Alba, por que prefirieron mantenerse en sus cortijos y palacios cazando en el coto antes que ser emprendedores. Prefirieron mantener al pueblo andaluz subyugado, que buen ejemplo es la novela Los Santos Inocentes de Delibes, mientras se dedicaban a desapegarse del trabajo y su obligación para con el pueblo. En Andalucía no hay tejido productivo por que Franco, quien apoyó y se apoyó en la aristocracia española haciéndola aún más rica para callarles la boca por la expulsión de la monarquía, decidió instalar toda la maquinaria industrial en Cataluña y País Vasco para que la burguesía nacionalista se enriqueciera aún más y no reclamara divisiones ni cosas parecidas. Todo con la aquiescencia de la Casa de Alba, de la que es heredero. Todas estas injusticias, cometidas durante siglos por los antepasados de don Cayetano, llevan al pueblo andaluz a una pobreza endémica, a una incultura casi generalizada durante siglos ya que el acceso a la formación en los cortijos era nula, ha llevado al pueblo andaluz a esperar en las plazas a que el capataz del señorito le dijese "hoy sí trabajas" para explotarlo a cambio de prácticamente nada. Mientras se ahogaban las penas en aguardiente ¿qué remedio?


Sin embargo la democracia nos trae unas subvenciones justas ya que se reciben a cambio de un servicio prestado en el campo o en los pueblos, no son a cambio de nada. Sin embargo la democracia es tan grande que también subvenciona el mantenimiento de castillos y palacetes por eso de ser 'patrimonio cultural' aunque sus poseedores sean mucho más que ricos. Tan grande es la democracia que permite a un vago calificar de de tal a los que realmente trabajan y le hacen rico. Así es la democracia, mucho más grande que la Casa de Alba.

Volvamos a mi padre. Nació en Maracena, un pueblo rural del entorno de la capital granadina, se crió en la casa de Sor Rafaela de Jesús Hostia Martínez-Cañavate Ballesteros, hija del teniente de alcalde en época franquista de Granada y nieta del alcalde de Maracena en tiempos de Alfonso XIII, y que poseía en la Calle Nueva. Dicen que Sor Rafaela nunca cobraba el alquiler pero los inquilinos pasaban hambre, mucha hambre. Mi padre tuvo que trabajar guardando pavos con 7 años, desde entonces no ha dejado de trabajar ni un día. Cuando se jubiló se dedicó al campo y ahí sigue. Ha trabajado en la dura vega granadina, con 17 años era oficial de albañilería, y con 25 ya era policía. Lo destinaron a Barcelona, donde nací. Cobraba 6.000 pesetas al mes de las que 3.000 eran para el alquiler de la casa y el resto para el Pelargón que yo me ventilaba por que mi madre no pudo darme el pecho. Se tiró a la obra nuevamente, de la que huyó por su extrema dureza. Recuerdo que salía de turno de noche y se iba a la obra, me tiraba días y días sin verlo. Mis abuelos, fueron hombres del campo, sacrificados y abnegados. Murieron trabajando los dos. Mi bisabuelo Manuel fue un hombre trabajador del campo y a quien se rifaban los terratenientes para sus campos por que era muy fuerte. Su padre, mi tatarabuelo, descendiente de un soldado francés del ejército de Napoleón, fue carbonero en los difíciles años de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Yo acabé mis estudios regulares y empecé a trabajar en un secadero de jamones, de 7 a 3, descargando camiones los viernes de cinco de la mañana a cinco de la tarde, colgando jamones, salándolos, moviendo 20.000 kilos de sal y jamones cada lunes, deshuesando, colgando y descolgando para cambiarlos de nave, cambiando de temperatura y sufriendo hasta neumonía por los cambios bruscos mientras no parabas de sudar. A la vez completaba mi preparación haciendo prácticas no remuneradas en las radios de Granada. Ya casado llegué a tener varios trabajos a la vez: redactor y locutor en la radio municipal de Maracena, jefe de deportes y de regional así como director de un laureado programa en Mira TV de Granada, redactor corresponsal de Granada Hoy, Jefe de Prensa del Club de Tenis de Mesa Villa de la Zubia cuando estaba en División de Honor y a la vez estudiando en la Universidad la carrera de Historia. Me daba tiempo a sacar sobresalientes y alguna Matrícula de Honor mientras alimentaba a mi familia, pagaba mi hipoteca y educaba a mi hija. Seguramente mis hijos tendrán esa mala fortuna heredada pero ese orgullo de poder lucir el mentón bien elevado y con dignidad. Ahora viene el Conde, el hijo de la duquesa, a decirme a mí y a los míos, subido en lo alto de un caballo, que somos unos vagos y que estamos subvencionados.

Yo, sinceramente, desamortizaba todas las propiedades de la nobleza y la iglesia, hoy día falta la valentía de Madoz y de Mendizábal, las cuarteaba y las vendía arreglando las finanzas de las arcas estatales. Embargaba todos los bienes de la nobleza, retiraba privilegios de todo tipo, subvenciones para arreglos patrimoniales, confiscaba obras de arte, pisos, haciendas, todo. Derogaba la ley de títulos nobiliarios, abolía las instituciones aristócratas y les forzaría a trabajar, bastante tienen con sus posibles y con sus contactos, seguro que aún así seguirían en lo más alto de la pirámide. Pero lo haría. Pero falta valentía.