24 abril 2009

Cosas que me gustan

Me gusta cuando Jorge se acurruca sobre mi cara y se queda inmóvil, gustándose él y gustándole yo. Me gustan los ojos de Paula, me gustan las pequitas que tiene sobre la nariz y su piel, blanca y suave. Me gusta la risa de María del Mar, me gusta cuando dice "te quiero", me gusta que le guste, me gusta cuando me dice que le encantan mis guiños, me gusta que sea ella y que quien esté a su lado sea yo. Me gusta verlo todo verde, limpio, primaveral. Me gusta ver flores en el campo, me gusta el campo. Me gusta el mar, su salitre, su asepsia, su olor, su murmullo incesante. Me gusta la playa por la noche, cuando no hay nadie, cuando el agua resuena en las piedras de la orilla. Me gusta nadar desnudo, de noche, adentrame en sus aguas sin ver más que la hilera de luces de la costa. Me gusta el miedo estúpido de no saber que hay por debajo cuando nadas a oscuras. Me gustan los piononos, los milhojas, las tartas de nata y chocolate. Me gusta el adagietto de Mahler, el intermezzo sinfonico de Mascagni en Cavalleria, me gusta el aria "Recitar" en Pagliacci de Leoncavallo, me gusta llorar oyendo música. Me gusta escribir mientras oigo música, me gusta pensar que alguien se emocione leyendo mis cosas, me gusta ser útil, me gusta querer, me gustan las personas, me gustas tú. Me gusta montar en bicicleta y ver sitios que nunca antes había visto, me gusta la perspectiva desde la bicicleta, me gusta la libertad de ir a tu ritmo y con tus propias posibilidades. Me gusta subir una cuesta para mirar desde lo alto y sentirme orgulloso de haber logrado subir. Me gusta hablarle a la gente cada mañana. Me gusta la radio, me gusta presentar noticias en la tele, me gusta que me reconozcan en la calle, me gusta charlar con la gente. Me gusta saludar a quien conozco, me gusta conocer gente, me gusta conocer. Me gusta aprender, leer, estudiar, absorver cosas distintas. Me gusta un café en la Facultad de Filosofía y Letras. Me gusta estar con mis amigos. Me gusta Sergi, me gusta Carlos, me gusta Jose, Enrique, Francis, Miguel, Pepe, Consue y todos mis amigos. Me gusta llevarme bien con las mujeres, me gustan las mujeres, me gustan sus caderas y sus pechos. Me gustan sus andares y si miran para ver si has mirado. Me gustan cuando coquetean, cuando te dicen que les gustas pero sin decírtelo, me gusta gustarles. Pero esto es sólo una muestra, hay más cosas. Una última cosa: no me gusta echar de menos a nadie, no me gusta nada.

Difundamos la cultura, prohibamos la difusión gratis. Todo de pago, al estilo PRISA

Cada mañana, a las siete, me tomo un café en la misma cafetería. Cada mañana. Soy un hombre de costumbres, fiel a mis ideas y a mi gente. Es decir, un tío de costumbres. Una de esas costumbres, que ni al quitarme de fumar quise abandonar, es la del cafelito a primera hora. Es sagrado, mis maitines. Mientras tomo un café reparto mi buen humor mañanero con el camarero o camarera de turno, los clientes que cada mañana coinciden con uno en el ajetreo de cucharillas y rasgada de azucarillos. Apenas hacemos caso a la televisión que cuelga del techo y que cada mañana también, por costumbre, nos cuenta las desdichas de este puto mundo injusto y cruel. Hoy se ha repetido la rutina. Me subo en mi bicicleta, con mi parka Quechua, mis vaqueros, mi gorra y mis gafas, me dejo caer hasta la calle de la emisora de radio, aparco mi bici en un arbolito -estará el pobre hasta las raíces de mí- y entro en el bar. El camarero me dice buenos días, yo le contesto igual, agarro el IDEAL, saludo a los clientes y....... ¡la tele está apagada! ¡la radio no se oye! sólo el sonido de los aparatos de detrás de la barra y el ensordecedor estruendo del molinillo de café. Le pregunto a mi pelirrojo amigo el camarero y contesta que no pueden encender ni la tele ni la radio "ayer vino un inspector de la Sociedad General de Autores y Editores y comono pagamos dice que no podemos ponerlas".
Amos a ver ¿pero es que estamos gilipollas? Yo dirijo una radio, pago el canon, la SGAE, la Federación, los sellos y la Biblia en pasta para emitir música y contenidos de autores y a un precio más bajo por que no tenemos publicidad comercial. ¿No he pagado yo por esa música para emitirla gratis?¿Por qué ha de volver a pagarse esa misma música? Me dice un iluminado que las películas españolas van a desaparecer si la gente sigue bajándoselas de Internet. ¿Pero estamos gilipollas? ¿Quién coño se baja películas españolas de Internet? Esto es de dementes.
Total, que el bar estaba vacío de sonidos, triste, sin banda sonora, como las películas de Harold Lloyd. Bonita forma de difundir la cultura, PROHIBIENDO SU DIFUSIÓN. Esto es lo más parecido a la censura franquista. Anda y que les den a todos.

20 abril 2009

La vida se nos va en un soplo. No nos damos ni cuenta y ya han pasado demasiados años para casi todo. El tiempo es ese agua del manantial que fluye limpia y cristalina, que da la vida y la limpia, pero que igual que ella se escapa por entre lo dedos si la intentas atrapar. Así como el agua no se puede desperdiciar el tiempo que transcurre por nuestras vidas no debe utilizarse en balde o cosas vanas. Quizá sea por eso que mi vida transcurre muy rápida, demasiado a veces, y es por que me empeño en vivirla.
Llevo un mes y medio intentando atrapar ese agua y es imposible, se escapa por entre los dedos pero, además, se hace cierto ese refrán: "agua no vayas a beber, déjala correr". Claro que cuando el agua acaricia tus manos va acariciando tu piel, a más caudal más suavidad, más placer y cuando deja de pasar queda la humedad en tus manos, el recuerdo físico de que ahí estuvo pero se fue. Pero una vez que el agua se seca todo queda limpio. Así pasa en la vida, los años van pasando y el tiempo va limpiandolo todo.
A veces no sabemos vivir la vida, la malgastamos, como cuando abres el grifo para afeitarte y lo dejas abierto, estás desaprovechando agua y vida. Nos empeñamos en complicarla, en matizar demasiado, en enrevesarlo todo. Mientras complicamos las cosas la vida se nos escapa y no la vivimos. No es fácil, no obstante, mantenerse sin actuar. Esa actividad diaria es la que nos empuja a complicar las cosas, no somos conscientes de ello y cuando queremos darnos cuenta ya estamos en un callejón de difícil salida.
Cualquier cosa que digamos o hagamos afecta a terceras personas y es ahí donde yo aún no he aprendido a calibrar bien las distancias. Mis errores de cálculo son frecuentes, cada vez menos, pero se producen en demasiadas ocasiones. Por otro lado me siento bien cuando, descubierto el error, se enmienda y el agua vuelve a fluir. Vuelve a impregnarte de humedad, a limpiarte, a dar vida.
Vivid pero soñad.