27 febrero 2009

Andalucía libre, España y la Humanidad

Por Andalucía libre, España y la Humanidad. Eso dice una estrofa del Himno de Andalucía. Os voy a explicar que es para mí Andalucía. Lo primero de todo es que mi sentimiento nacional es un tanto ambiguo y disperso. Nacer en Barcelona, Cataluña, pasar mi adolescencia en Jaén y la edad adulta en Granada te hace sentir que no tienes una patria definida. Pero sí, por encima de todo me siento ESPAÑOL. Es algo que no puedo evitar. Es por eso que comprendo a quien se siente vasco, gallego o catalán por encima de todo. Yo lo entiendo, ahora quiero que me entiendan a mí cuando digo que me siento español. Pero Andalucía ¿qué es para mí? Bueno, he decir que no tengo un sentimiento especialmente arraigado en cuanto a mi andalucismo. Si me dijeran que mañana se dividiría Andalucía en la parte Occidental, la que fue durante años Castilla, la tierra de los latifundias y el señoritingo, y la Orienta, la del Reino de Granada, la del minifundio y las montañas, mi sentimiento cambiaría. Sí me siento fuerte en mis sentimientos hacia Granada, Málaga, Almería, Jaén e incluso zonas de Murcia. Esa es la que yo considero mi verdadera patria. Nacer en Cataluña fue circunstancial, mis padres vivían allí, se ganaban la vida allí por que aquí era imposible, ahora iremos al porqué. No obstante me siento muy barcelonés, me siento un poco catalán, por mi nacimiento más que culturalmente. De hecho me he resistido durante 25 años a olvidar mi segunda lengua, el catalán, aún lo puedo hablar con cierta soltura. Dicho esto y justificados mis sentimientos de Español, granadino y barcelonés, os cuento que significa para mí Andalucía, mi Andalucía, la de mis cuatro provincias orientales, la que trabaja.
Frente a las ricas y fértiles tierras que son bañadas por el Betis, aquel que los árabes llamaron el río grande, el Guadalquivir, frente a esas costas diáfanas y arenosas, blancas y verdes, frente a esas marismas y dunas, está la otra Andalucía. La de las tierras montañosas y escarpadas, la de las nieves y los desiertos, la de las calas pedregosas y las aguas frías, la Andalucía pobre. Ya Estrabón, en el siglo I, alabó la fertilidad de Tartessos, del río Betis y sus tierras, sus minerales, su pesca y sus gentes, pero también contó lo pobre que era la otra parte, la Bastetania. Sin embargo esa pobreza ha hecho de las gentes de mi Andalucía unas gentes trabajadoras, laboriosas, indomables, huídas de tópico que, arraigado en la Baja Andalucía, salpica injustamente a la Alta Andalucía. Salpica a la gran mayoría de gentes trabajadoras de Sevilla, Córdoba, Huelva e incluso Cádiz. Pero sobre todo a las de Almería, Jaén, Málaga y Granada. Estas gentes que escalonaron las laderas de sus montañas para sus cultivos de vides, tropicales y olivos, estas gentes que horadaron las duras entrañas de la tierra en busca del hierro que fundido en el Norte enriqueció a catalanes y vascos durante siglos, han visto como sus hierros se acabaron y como ahora no tienen trabajo. Esta tierra pobre lo es más por que sus recursos sirven para enriquecer a otros, nuestro aceite se va a Italia, nuestros minerales al País Vasco y nuestras gentes a Cataluña. Así fue durante siglos y así seguirá siendo. Nuestras manos levantaron otras tierras, ahora ricas y avanzadas mientras los nuestros aún viven en cuevas y son fotografiados como tribus atrasadas para vestir el album de el visitante foráneo, en ocasiones hijo del que se fue buscando una vida mejor. Pero no nos engañemos, la culpa no es de las gentes de esas otras tierras. Es nuestra por darlo todo, por no poner en valor nuestros escasos bienes.
Mientras en otras comunidades de esta federación de comunidades que unos llaman España y otros puta Espanya, como si les fuera ajena, luchan por lo que creen que les pertenece: su lengua, su cultura, sus infraestructuras e incluso sus dineros, aquí por no tener no tenemos ni la carretera de la costa, ni la que une la capital del viejo Reino Nazarí de Granada con su Mar Mediterráneo, ni AVE, ni tren, ni autovías, ni industria. Lo que si tenemos es políticos ineptos, aburguesados, empijados hasta el almidón de sus camisas italianas, anclados en sus Oes obrearas y sus eSes socialistas mientras viven tan bien o mejor que los señoritos de la oposición. Obreros con coches de lujo gobernando a obreros en paro, malo, malo. Señoritos esperando gobernar, peor aún. No es culpa de catalanes o vascos cuyo único pecado es amar su tierra. Es culpa de nuestros gobernantes, de ese Franco asesino y traidor que calló bocas del burgués del norte a base de dinero, de los de aquí que con cuatro perras y cinco cortijos calla mientras el pobre se ha muerto ya de hambre.
Eso siento yo de Andalucía, que una no me pertenece ni yo pertenezco a ella. Con mis respetos y sin desprecio alguno, solo con el sentimiento de que no es lo mismo. Que me siento perteneciente a una Andalucía pobre y olvidada, despreciada y arrinconada por la otra Andalucía. Que queda al descubierto del paraguas del estado, de un Estado que preocupado por arropar a los que se van por arriba, vascos y catalanes, descuida sus pies y los deja al descubierto, a la intemperie, expuestos a coger una pulmonía. Siento que seguirá siendo así y que si yo gobernara prevaricaría, no daría nada a nadie, solo a mi Andalucía Oriental, a mi Reino de Granada. Y a la pobre Extremadura, de la que nadie habla y que calla aún más que nosotros. Otros hermanos de hambre.
Últimamente me he reencontrado con mis compañeros de colegio en Barcelona, donde nací y me crié. He recordado lo que amo Barcelona, lo que amo mi segunda lengua, el catalán, lo que amo Cataluña y he recordado eso dicho: "El amor es la única cosa que cuanto más la repartes más tienes". Feliz Día de Andalucía para Jaén, Málaga, Almería y Granada, para la otra Andalucía también.

13 febrero 2009

Amigos

Hay una palabra que no me gusta nada: "rachas". Esta palabra no me gusta nada. Y sé por qué es. No soy todo lo constante que creo debería ser en las cosas y muchas veces he oído eso de "es por rachas". Maticemos, el palabro me es molesto cuando es utilizado como consecuencia de cualquiera de mis temporadas excéntricas de comportamiento. Sí, por que soy bastante excéntrico en algunas cosas. Además con los años noto que va a más. También me está mejorando el carácter, soy más afable, pero tengo "rachas", je je, de malafollismo agudo y pertinaz. Son, rachas.
Pero no sólo es aplicable al comportamiento, este adverbio de tiempo es perfectamente válido para los distintos aconteceres que se van sucediendo a lo largo de la vida. También es válida la palabra "temporadas". Hay rachas en las que todo te sale mal, otras en las que te salen trabajos por doquier, hay rachas de todo tipo. Ahora me ha venido una racha de encontrar viejos amigos y reencotnrarme con cosas del pasado. Voy a hablaros de esta racha, voy a hablaros de mis amigos.
Los amigos pueden definirse de miles de formas, yo tengo la mía propia. Si me permitís: para mí un amigo es esa persona que, sin necesidad de estar viéndose a cada instante, de estar llamándose diariamente o de presentarse en casa semana sí o semana no, sabes que está ahí para siempre. Para lo que necesites, de verdad, sin necesidad de pedir nada a cambio. También he descubierto con los años que los mejores amigos se encuentran en la edad adulta. Será por que mis amigos de niñez quedaron lejos en el tiempo y el espacio y me he tenido que forjar mi núcleo de amistades, el caso es que mis mejores amigos me han llegado en la edad adulta, todos menos dos. Hablaré de estos dos en primer lugar.
Durante mis vacaciones de verano en Maracena (Granada) era muy frecuente que me fuese a jugar al barrio de la que hoy en día es mi mujer, María del Mar la cual siempre ha sido mi mejor amiga, desde que tenía 15 años yo y 13 ella, curioso. allí, en el Barrio de los Caquis conocí a Félix, Luismi y Francis. Francis era primo de los otros dos pero estos no lo eran entre sí. El cuarto era yo que llegaba en verano contando historias de Barcelona, de mi cole, de mis amigos y de lo distinto que era aquello. A la vuelta a Barcelona contaba lo mismo pero a la inversa. Francis estuvo a mi lado como compañero de juegos toda la vida. Francis fue testigo de mis primeros amoríos, yo lo fui de los suyos, compartimos moto, vivencias, juergas, borracheras, salidas nocturnas, incluso trabajo. Sin embargo ni yo fui a su boda ni él vino a la mía. Tanto él como yo sabemos el porqué y no importa. Yo le debo una visita a su casa a ver a su niñita guapa. Francis es y será por siempre mi mejor amigo. Ese amigo que, aún con sus defectos, es tu amigo. Es el único amigo de la infancia que me queda. El otro es un caso curioso.
De los amigos de clase, del colegio, no me queda nadie. Nadie por que en mayo de 1983, justo al acabar 7º, nos fuimos de Barcelona. Ya lo he explicado en algún post. Ahora, 25 años después, casi 26, he encontrado a Sergi Aróstegui, era compañero de clase. No sé por qué pero su nombre se ha mantenido intacto en mi memoria, en esa memoria selectiva de la que tanto le gusta hablar a él. Su nombre y el de Francesc, Jaime y otros pocos más. Ahora recuerdo muchos, casi todos, gracias a Imma y a Francesc, a los que he vuelto a recuperar. Lo más curioso es que cuando me inicié en esto del Facebook me puse a buscar a mis primos y basta. Pero una tarde me dije, ¿podré localizar a mis compañeros de clase? y me puse manos a la obra. Encontré un Sergi, su cara era parecida a la que recordaba y le mandé un mensaje. Contestó pocos días después, era él. Esa tarde lloré como un descosido. Tres días después hallé a Imma y a Silvia. Ese día derramé las lágrimas de toda una vida así que creo que no volveré a llorar nunca más. Lo hice en silencio aunque María del Mar vio un poquito. Desde entonces Sergi no me ha abandonado ni un solo día. Cada día me acompaña, me manda mensajes, nos encontramos en el Facebook, el Messenger, nos hemos llamados un par de veces por teléfono. Nos hemos contado nuestras vidas, un pedacito de ellas, y estamos deseando darnos un abrazo real y no virtual. Sergi es ese caso singular, el compañero de clase que nunca había sido amigo y que 26 años después se convierte en amigo. Sé que será así para siempre. AMIGO, con las letras grandes como es su corazón y su comportamiento. No suelo equivocarme en esto, por eso los amigos se cuentan con una mano.
Por tanto me quedan sólo tres dedos. Jose y Carlos. Dos dedos. Nos vemos a menudo, los encontré cuando ya tenía 26 años y rondo los 39. Desde entonces nos hemos ido de vacaciones juntos, Cuenca, Benidorm, Alpujarra, Madrid, Costa Tropical, Carihuela, etc... comemos juntos siempre que podemos, jugamos a las cartas de manera que dejamos que gane Jose siempre, ja ja ja, son amigos de verdad. Son mis hermanos para siempre. Carlos es de esas personas que no tiene nada suyo, que lo que tiene te lo da de verdad y si puede te ofrece su corazón envuelto en papel de regalo. El jueves que viene nos vamos a tomar unas cañitas juntos, serán dos coca colas ya que ni él ni yo bebemos. José es totalmente distinto a Carlos, Jose es serio, formal y hogareño, es el punto de sensatez en nuestras reuniones. Yo soy un puente entre ambos, yo soy más gris.
Y por último Pepe. A Pepe me lo encontré en Barajas hace 10 años, jugaba a un juego de mesa en la terminal mientras llegaba el vuelo de Swiss Air que lo trasladaba a Zurich primero y a Viena Después. Allí sentados en ese hall enorme, solos, todo el día los mirábamos de reojo María del Mar y yo. ¿Irán donde mismo? Seguro. En efecto. En Zúrich, cogiendo el avión a Viena se sentaron detrás nuestra. Yo rompí el hielo con alguna chorrada, como siempre. Empezaron a reir. No han dejado de hacerlo hasta ahora. Pepe y Consue, a quienes conocimos en un viaje hermoso y en una tierra acogedora, hicieron d enuestra Luna de Miel algo maravilloso. Pero eso, que no dejaba de ser una coincidencia en el tiempo y el espacio, era una obra que había de fraguar. Tres días después de llegar de Múnich nos llaman, estaban en Granada con la hermana de Pepe y su novio. Fue como si lleváramos 15 años sin vernos. Ese día de San Juan no se me olvidará en la vida, en el Paseo de los Tristes, bajo la silueta de la Alhambra iluminada por sus luces nocturnas, realzado el rojo que le da nombre, Alhambra es en árabe La Roja, descubrí que tenía unos nuevos amigos, Pepe y Consue. Como decían los Manolos, amigos para siempre. Hemos asistido a los nacimientos de nuestros hijos, a bodas de familiares, concemos todo de todos, vamos a Murcia y vienen a Granada. Son amigos y punto. Tengo un sexto sentido para esto.
Luego tengo otros grandes amigos, Enrique Reyes, Andrés Mariscal, Manu Tallón, J.F. Ruano, David Soria al que debo tanto y tanto quiero, al que quisiera poder ayudar más, recientemente he encontrado a Kiko, mi vecino, un tío bondadoso y cuyas dádivas son desinteresadas, Francis, los dos Migueles, Miguel Melguizo y Miguel Giralte. Son amigos de verdad, de esos que por ser más cotidianos pueden no parecerlo tanto pero sí lo son.
Estoy en la racha de los amigos. Viva esto.

01 febrero 2009

Memorias de la Verneda. Capítulo 2

En el último post os contaba algo de mi infancia. Es curioso como se han precipitado los acontecimientos. Del último post a esta parte he encontrado a tres compañeros. Una de las que creía haber encontrado resultó ser una falsa alarma pero dos días después, a través de Facebook, redibí un mensaje devuelto. Le preguntaba a un chico llamado Sergi de Aróstegui si era aquel Sergi que era compañero mío en clase. En efecto, lo era. El corazón se me quería salir del tórax, la sangre fluía aceleradamente y las lágrimas afloraron levemente. 25 años después supe algo de alguno de ellos. Inmediatamente entramos en contacto. Al día siguiente al llegar al trabajo me metí en el ordenador para volver a ver el mensaje, no lo podía creer. Localicé una página del Colegio y me encuentro un mensaje de una chica que afirmaba estar en clase con Sergi Aróstegui. Inmediatamente le envié un mensaje, seguro de que no se acordaría de mí. Imma Vicent, recordaba perfectamente su nombre y lo pizpireta que era, me contestó de inmediato, que sí, que me recordaba.
Imma Vicent ha sido, pero con muchísima diferencia, la alegría más enorme y satisfactoria de los últimos años. Ha sido casi comparable al nacimiento de mis hijos. No es una exageración. Irme de Barcelona, aunque al principio fue una aventura, resultó ser un problema para mí. Los primeros meses en Jaén no me adaptaba al colegio, era ya 8º, no me adaptaba a un régimen escolar rudo y anticuado en lo docente pero flojo en lo académico. Recuerdo al profesor Antonio Pastor que, apesadumbrado por mi acento, me tiraba de las patillas, recuerdo a un larguirucho Ureña, más alto y fuerte que yo, que me decía despectivamente: 'el catalán'. Menos mal que siempre me han sobrado narices y un día en el patio, delante de todos, le dí una tunda importante. A partir de ese día se acabaron los motes y apodos despectivos y sí, era y soy catalán. A mucha honra. Fue horrible, con 14 años casi. Claro, era en esos momentos cuando me acordaba de mi clase, mi pupitre, mis compañeros, mi patio, esas escalera metálicas que bajaban a ese patio amplio y diáfano. Fui creciendo física y humanamente hasta que todo pasó. El Instituto fue una época imborrable, hice grandes amigos, las primeras novias, destaqué en el baloncesto, repetí algún curso, fui delegado de clase, me iba bien en definitiva, todo quedó olvidado. Pero yo siempre eché de menos a mis compañeros de clase y esos recuerdos se borraban, cada vez más, parecían un sueño, casi una mentira, algo que sustentaba una fábula increible. Pero Imma, mi querida Imma, con la que no tuve mucha relación en clase pero que, curiosamente no tenía olvidada, aparece con toda su dulzura, toda su memoria y regalándome sus recuerdos. Unos recuerdos que reviven los míos y destrozan de un plumazo las fábulas para convertirlas en realidad, unos recuerdos que te despiertan del sueño y te llenan de vida. La infancia perdida nace de nuevo y por unos instantes te ves allí, en esos pupitres beige con las patas verdes, en esos pasillos, en el patio, en el colegio.
Después encontré a Silvia Vidorreta, que tanto nos gustaba a todos los chicos, ella y la Oliva. También parece haber aparecido Mario Marina y, quizás, el Xisco que tan amigo mío era. No doy con Mari Ángeles Tirado, que me gustaba más que ninguna, qué vergüenza, a estas alturas pero bueno teníamos 13 años, era normal.
Es por eso que este post se lo quiero dedicar a todos mis compañeros de clase, a todas mis compañeras de clase, en especial a Sergi, Silvia e Imma, en especial a ella que no me ha dejado solo ni un momento desde que nos volvimos a encontrar, a Imma que me hizo llorar de alegría la semana pasada.
Dicen que llorar no es malo, que es una vía de escape y te relaja. Pero llorar de alegría y felicidad como llevo estos días no es que no sea malo, es maravilloso. Cada mensaje de Silvia, Sergi e Imma me alegra el día, me motiva más y me devuelve algo que había perdido: mi infancia. Os quiero amigos.