Por Andalucía libre, España y la Humanidad. Eso dice una estrofa del Himno de Andalucía. Os voy a explicar que es para mí Andalucía. Lo primero de todo es que mi sentimiento nacional es un tanto ambiguo y disperso. Nacer en Barcelona, Cataluña, pasar mi adolescencia en Jaén y la edad adulta en Granada te hace sentir que no tienes una patria definida. Pero sí, por encima de todo me siento ESPAÑOL. Es algo que no puedo evitar. Es por eso que comprendo a quien se siente vasco, gallego o catalán por encima de todo. Yo lo entiendo, ahora quiero que me entiendan a mí cuando digo que me siento español. Pero Andalucía ¿qué es para mí? Bueno, he decir que no tengo un sentimiento especialmente arraigado en cuanto a mi andalucismo. Si me dijeran que mañana se dividiría Andalucía en la parte Occidental, la que fue durante años Castilla, la tierra de los latifundias y el señoritingo, y la Orienta, la del Reino de Granada, la del minifundio y las montañas, mi sentimiento cambiaría. Sí me siento fuerte en mis sentimientos hacia Granada, Málaga, Almería, Jaén e incluso zonas de Murcia. Esa es la que yo considero mi verdadera patria. Nacer en Cataluña fue circunstancial, mis padres vivían allí, se ganaban la vida allí por que aquí era imposible, ahora iremos al porqué. No obstante me siento muy barcelonés, me siento un poco catalán, por mi nacimiento más que culturalmente. De hecho me he resistido durante 25 años a olvidar mi segunda lengua, el catalán, aún lo puedo hablar con cierta soltura. Dicho esto y justificados mis sentimientos de Español, granadino y barcelonés, os cuento que significa para mí Andalucía, mi Andalucía, la de mis cuatro provincias orientales, la que trabaja.Frente a las ricas y fértiles tierras que son bañadas por el Betis, aquel que los árabes llamaron el río grande, el Guadalquivir, frente a esas costas diáfanas y arenosas, blancas y verdes, frente a esas marismas y dunas, está la otra Andalucía. La de las tierras montañosas y escarpadas, la de las nieves y los desiertos, la de las calas pedregosas y las aguas frías, la Andalucía pobre. Ya Estrabón, en el siglo I, alabó la fertilidad de Tartessos, del río Betis y sus tierras, sus minerales, su pesca y sus gentes, pero también contó lo pobre que era la otra parte, la Bastetania. Sin embargo esa pobreza ha hecho de las gentes de mi Andalucía unas gentes trabajadoras, laboriosas, indomables, huídas de tópico que, arraigado en la Baja Andalucía, salpica injustamente a la Alta Andalucía. Salpica a la gran mayoría de gentes trabajadoras de Sevilla, Córdoba, Huelva e incluso Cádiz. Pero sobre todo a las de Almería, Jaén, Málaga y Granada. Estas gentes que escalonaron las laderas de sus montañas para sus cultivos de vides, tropicales y olivos, estas gentes que horadaron las duras entrañas de la tierra en busca del hierro que fundido en el Norte enriqueció a catalanes y vascos durante siglos, han visto como sus hierros se acabaron y como ahora no tienen trabajo. Esta tierra pobre lo es más por que sus recursos sirven para enriquecer a otros, nuestro aceite se va a Italia, nuestros minerales al País Vasco y nuestras gentes a Cataluña. Así fue durante siglos y así seguirá siendo. Nuestras manos levantaron otras tierras, ahora ricas y avanzadas mientras los nuestros aún viven en cuevas y son fotografiados como tribus atrasadas para vestir el album de el visitante foráneo, en ocasiones hijo del que se fue buscando una vida mejor. Pero no nos engañemos, la culpa no es de las gentes de esas otras tierras. Es nuestra por darlo todo, por no poner en valor nuestros escasos bienes.
Mientras en otras comunidades de esta federación de comunidades que unos llaman España y otros puta Espanya, como si les fuera ajena, luchan por lo que creen que les pertenece: su lengua, su cultura, sus infraestructuras e incluso sus dineros, aquí por no tener no tenemos ni la carretera de la costa, ni la que une la capital del viejo Reino Nazarí de Granada con su Mar Mediterráneo, ni AVE, ni tren, ni autovías, ni industria. Lo que si tenemos es políticos ineptos, aburguesados, empijados hasta el almidón de sus camisas italianas, anclados en sus Oes obrearas y sus eSes socialistas mientras viven tan bien o mejor que los señoritos de la oposición. Obreros con coches de lujo gobernando a obreros en paro, malo, malo. Señoritos esperando gobernar, peor aún. No es culpa de catalanes o vascos cuyo único pecado es amar su tierra. Es culpa de nuestros gobernantes, de ese Franco asesino y traidor que calló bocas del burgués del norte a base de dinero, de los de aquí que con cuatro perras y cinco cortijos calla mientras el pobre se ha muerto ya de hambre.
Eso siento yo de Andalucía, que una no me pertenece ni yo pertenezco a ella. Con mis respetos y sin desprecio alguno, solo con el sentimiento de que no es lo mismo. Que me siento perteneciente a una Andalucía pobre y olvidada, despreciada y arrinconada por la otra Andalucía. Que queda al descubierto del paraguas del estado, de un Estado que preocupado por arropar a los que se van por arriba, vascos y catalanes, descuida sus pies y los deja al descubierto, a la intemperie, expuestos a coger una pulmonía. Siento que seguirá siendo así y que si yo gobernara prevaricaría, no daría nada a nadie, solo a mi Andalucía Oriental, a mi Reino de Granada. Y a la pobre Extremadura, de la que nadie habla y que calla aún más que nosotros. Otros hermanos de hambre.
Últimamente me he reencontrado con mis compañeros de colegio en Barcelona, donde nací y me crié. He recordado lo que amo Barcelona, lo que amo mi segunda lengua, el catalán, lo que amo Cataluña y he recordado eso dicho: "El amor es la única cosa que cuanto más la repartes más tienes". Feliz Día de Andalucía para Jaén, Málaga, Almería y Granada, para la otra Andalucía también.