Hay una palabra que no me gusta nada: "rachas". Esta palabra no me gusta nada. Y sé por qué es. No soy todo lo constante que creo debería ser en las cosas y muchas veces he oído eso de "es por rachas". Maticemos, el palabro me es molesto cuando es utilizado como consecuencia de cualquiera de mis temporadas excéntricas de comportamiento. Sí, por que soy bastante excéntrico en algunas cosas. Además con los años noto que va a más. También me está mejorando el carácter, soy más afable, pero tengo "rachas", je je, de malafollismo agudo y pertinaz. Son, rachas.
Pero no sólo es aplicable al comportamiento, este adverbio de tiempo es perfectamente válido para los distintos aconteceres que se van sucediendo a lo largo de la vida. También es válida la palabra "temporadas". Hay rachas en las que todo te sale mal, otras en las que te salen trabajos por doquier, hay rachas de todo tipo. Ahora me ha venido una racha de encontrar viejos amigos y reencotnrarme con cosas del pasado. Voy a hablaros de esta racha, voy a hablaros de mis amigos.
Los amigos pueden definirse de miles de formas, yo tengo la mía propia. Si me permitís: para mí un amigo es esa persona que, sin necesidad de estar viéndose a cada instante, de estar llamándose diariamente o de presentarse en casa semana sí o semana no, sabes que está ahí para siempre. Para lo que necesites, de verdad, sin necesidad de pedir nada a cambio. También he descubierto con los años que los mejores amigos se encuentran en la edad adulta. Será por que mis amigos de niñez quedaron lejos en el tiempo y el espacio y me he tenido que forjar mi núcleo de amistades, el caso es que mis mejores amigos me han llegado en la edad adulta, todos menos dos. Hablaré de estos dos en primer lugar.
Durante mis vacaciones de verano en Maracena (Granada) era muy frecuente que me fuese a jugar al barrio de la que hoy en día es mi mujer, María del Mar la cual siempre ha sido mi mejor amiga, desde que tenía 15 años yo y 13 ella, curioso. allí, en el Barrio de los Caquis conocí a Félix, Luismi y Francis. Francis era primo de los otros dos pero estos no lo eran entre sí. El cuarto era yo que llegaba en verano contando historias de Barcelona, de mi cole, de mis amigos y de lo distinto que era aquello. A la vuelta a Barcelona contaba lo mismo pero a la inversa. Francis estuvo a mi lado como compañero de juegos toda la vida. Francis fue testigo de mis primeros amoríos, yo lo fui de los suyos, compartimos moto, vivencias, juergas, borracheras, salidas nocturnas, incluso trabajo. Sin embargo ni yo fui a su boda ni él vino a la mía. Tanto él como yo sabemos el porqué y no importa. Yo le debo una visita a su casa a ver a su niñita guapa. Francis es y será por siempre mi mejor amigo. Ese amigo que, aún con sus defectos, es tu amigo. Es el único amigo de la infancia que me queda. El otro es un caso curioso.
De los amigos de clase, del colegio, no me queda nadie. Nadie por que en mayo de 1983, justo al acabar 7º, nos fuimos de Barcelona. Ya lo he explicado en algún post. Ahora, 25 años después, casi 26, he encontrado a Sergi Aróstegui, era compañero de clase. No sé por qué pero su nombre se ha mantenido intacto en mi memoria, en esa memoria selectiva de la que tanto le gusta hablar a él. Su nombre y el de Francesc, Jaime y otros pocos más. Ahora recuerdo muchos, casi todos, gracias a Imma y a Francesc, a los que he vuelto a recuperar. Lo más curioso es que cuando me inicié en esto del Facebook me puse a buscar a mis primos y basta. Pero una tarde me dije, ¿podré localizar a mis compañeros de clase? y me puse manos a la obra. Encontré un Sergi, su cara era parecida a la que recordaba y le mandé un mensaje. Contestó pocos días después, era él. Esa tarde lloré como un descosido. Tres días después hallé a Imma y a Silvia. Ese día derramé las lágrimas de toda una vida así que creo que no volveré a llorar nunca más. Lo hice en silencio aunque María del Mar vio un poquito. Desde entonces Sergi no me ha abandonado ni un solo día. Cada día me acompaña, me manda mensajes, nos encontramos en el Facebook, el Messenger, nos hemos llamados un par de veces por teléfono. Nos hemos contado nuestras vidas, un pedacito de ellas, y estamos deseando darnos un abrazo real y no virtual. Sergi es ese caso singular, el compañero de clase que nunca había sido amigo y que 26 años después se convierte en amigo. Sé que será así para siempre. AMIGO, con las letras grandes como es su corazón y su comportamiento. No suelo equivocarme en esto, por eso los amigos se cuentan con una mano.
Por tanto me quedan sólo tres dedos. Jose y Carlos. Dos dedos. Nos vemos a menudo, los encontré cuando ya tenía 26 años y rondo los 39. Desde entonces nos hemos ido de vacaciones juntos, Cuenca, Benidorm, Alpujarra, Madrid, Costa Tropical, Carihuela, etc... comemos juntos siempre que podemos, jugamos a las cartas de manera que dejamos que gane Jose siempre, ja ja ja, son amigos de verdad. Son mis hermanos para siempre. Carlos es de esas personas que no tiene nada suyo, que lo que tiene te lo da de verdad y si puede te ofrece su corazón envuelto en papel de regalo. El jueves que viene nos vamos a tomar unas cañitas juntos, serán dos coca colas ya que ni él ni yo bebemos. José es totalmente distinto a Carlos, Jose es serio, formal y hogareño, es el punto de sensatez en nuestras reuniones. Yo soy un puente entre ambos, yo soy más gris.
Y por último Pepe. A Pepe me lo encontré en Barajas hace 10 años, jugaba a un juego de mesa en la terminal mientras llegaba el vuelo de Swiss Air que lo trasladaba a Zurich primero y a Viena Después. Allí sentados en ese hall enorme, solos, todo el día los mirábamos de reojo María del Mar y yo. ¿Irán donde mismo? Seguro. En efecto. En Zúrich, cogiendo el avión a Viena se sentaron detrás nuestra. Yo rompí el hielo con alguna chorrada, como siempre. Empezaron a reir. No han dejado de hacerlo hasta ahora. Pepe y Consue, a quienes conocimos en un viaje hermoso y en una tierra acogedora, hicieron d enuestra Luna de Miel algo maravilloso. Pero eso, que no dejaba de ser una coincidencia en el tiempo y el espacio, era una obra que había de fraguar. Tres días después de llegar de Múnich nos llaman, estaban en Granada con la hermana de Pepe y su novio. Fue como si lleváramos 15 años sin vernos. Ese día de San Juan no se me olvidará en la vida, en el Paseo de los Tristes, bajo la silueta de la Alhambra iluminada por sus luces nocturnas, realzado el rojo que le da nombre, Alhambra es en árabe La Roja, descubrí que tenía unos nuevos amigos, Pepe y Consue. Como decían los Manolos, amigos para siempre. Hemos asistido a los nacimientos de nuestros hijos, a bodas de familiares, concemos todo de todos, vamos a Murcia y vienen a Granada. Son amigos y punto. Tengo un sexto sentido para esto.
Luego tengo otros grandes amigos, Enrique Reyes, Andrés Mariscal, Manu Tallón, J.F. Ruano, David Soria al que debo tanto y tanto quiero, al que quisiera poder ayudar más, recientemente he encontrado a Kiko, mi vecino, un tío bondadoso y cuyas dádivas son desinteresadas, Francis, los dos Migueles, Miguel Melguizo y Miguel Giralte. Son amigos de verdad, de esos que por ser más cotidianos pueden no parecerlo tanto pero sí lo son.
Estoy en la racha de los amigos. Viva esto.