El himno de España

14 mayo 2009

El himno de España es un pedazo de música, muy cortito, que representa a un pedacito del mundo que se ha venido a denominar España. Sin embargo, después de miles de años de historia, aún nonos ponemos de acuerdo con qué es España. Yo lo tengo muy claro, clarísimo, pero no es este el post indicado para hablar de ello. La lástima es que poca gente sepa muy bien que es España, sobre todo aquellos que saben tanto de "naciones oprimidas" y que silban los himnos de otras naciones por ser estas "opresoras". Eso también lo tengo claro y creo que parte de una nación oprime desde hace siglos al resto a base de chantajes emocionales del tipo "o me das esto o me voy" para obtener lucro económico que es, al fin y al cabo, lo que acaba por derrumbar toda creencia o ideología. Si no ya me diréis a mí por que todas las fábricas de automóviles de marcas extranjeras y nacionales (recordad que SEAT antes era de FIAT) están en esas "naciones oprimidas", pues por eso, para que callen esas boquitas.

Sin embargo de vez en cuando berrean más de la cuenta y ayer berrearon en exceso, con escasa educación y absoluta falta de respeto a una nación con miles de años de historia y que ha hecho de sus propias naciones unas tierras ricas y conocidas en todo el mundo y que puedan entenderse con millones de personas en todo el mundo, aún cuando siguen empeñados en prevalecer una lengua que sólo unos pocos entienden. Yo, como catalán de nacimiento y sentimiento, me esfuerzo en no olvidar mi lengua catalana, creo que es el deber de todos cuanto viven y trabajan en Cataluña pero esa es también otra historia. Hoy quiero hablar del himno de mi nación, de España. Ese himno que ignorantemente silbaron aficonados de mi equipo, los del Bilbao sonuna caterva de brutos y cazurros de monte y no se podía esperar otra cosa de ellos.
El himno de España mantiene diversas leyendas sobre su origen pero la más plausible es la que, demostrada emìricamente, basa el origen de la música de la Marcha Real en una partitura islámica que una vez reproducida muestra cómo ciertamente el Himno de España procede de la fusión de culturas tan propia de nuestro país. Es la diversidad pues la nota predominante de este país, esa pluralidad a la que tantas veces se alude cuando se quiere defender la diversidad nacional de este país pero que esos mismo olvidan cuando se trata de ensalzar sus regiones. No denosten el himno de España, es el himno de un pueblo milenario, es el emblema de una gran nación y, aún cuando no despierte sus mejores sentimientos, sí lo hace de millones de personas nobles y trabajadoras que merecen que su país sea respetado. No obstante, en alusión a la pitada de la Copa del Rey, quienes no se sientan españoles yo les invito a que no celebren los títulos españoles. Yo como sigo siendo del Barça y español seguiré con mi Tot el Camp, els Segadors y el Himno de España. Para que veáis la similitud de la partitura oíd este enlace, es el HIMNO DE ESPAÑA andalusí. http://www.webislam.com/?ida=216

94 años

01 mayo 2009

Nació en julio de 1915, ese año gobernaba Antonio Maura como presidente de un gobierno cuyas reuniones presidía el rey Alfonso XIII. Mientras el mundo se debatía en una cruenta guerra que nunca antes había alcanzado a tantos países y matado a tantas personas, ella nacía. Lo hacía en la Calle del Palo, dicen que la más vieja de Maracena. Hoy día, en 2009, con luces, asfalto, saneamientos, telecomunicaciones, y todos los avances de la modernidad la Calle del Palo es un lugar decrépito, sucio, me transporta a los años del hambre, no quiero ni pensar que sería en 1915, sin luz, ni agua, sin saneamientos, sin tiempo para poder adecentar nada ni dinero que dedicar al aseo diario y baldeo de calles. María nacía así, sin nada. Su padre, Manuel, era un hombre del campo, infatigble, enorme de tamaño y corazón. Mi amigo Antonio Carmona Castellano, "Antonio el Perriquelme", me cuenta que su padre murió al empezar la II República, que su hermano mayor se fue como Comisario Político del Frente Popular y que él, con 9 años se quedó solo con su madre. Antonio dice que Manuel Barrios, "el jamargo", lo cobijó, le enseñó el trabajo de la Vega y que fue como un padre para él. Ese era el padre de María. Su madre había nacido en Restábal, procedente de una familia de Peligros. María se llamaba también. Murió en 1989, con 99 años y una vista envidiable, cosía sin gafas.
Estos son los antecedentes de María Barrios Sánchez, mi abuela. Este año cumple 94 años. Siento que se va a ir ya. Esta semana la hemos tenido que llevar al hospital en Ambulancia, su cuerpo parecía no aguantar más. Mientras esperábamos que la atendieran la han colocado en un pasillo, en su camilla, aparcada contra la pared, para que no estorbara, sin hacer ruido. Por un momento me ha parecido bochornoso que 94 años después de nacer la apartaran de esa forma. Yo he aguantado con ella, acariciándola, mirándola y sin poder evitar pensar que detrás de esa mujer desdentada y vegetativa ha habido 94 años de vida. "Pepe el de la Cueva" me preguntó un día: "niño, ¿tú eres de Maracena?", le contesté que sí, que me había criado fuera, en Barcelona, que me vine a Maracena casi con 19 años pero que sí que mi familia era maracenera. Pepe me hizo la pregunta que yo ya estaba esperando desde el momento que me preguntó de dónde era: "¿de quien eres niño?". No lo dudé, "Soy nieto de la María la Jamarga". "Esa ha sido la mujer más trabajadora de Maracena, la mejor empleada que hemos tenido en La Cueva. Bertaaaa -su hija-, este niño es nieto de la María". Berta sonrió y dijo que por eso nos quería tanto a mi mujer y a mí. Menuda herencia, prestigio.
Mi abuela se dedicaba a hacer de comer a las cuadrillas, a ayudar en el campo, a llevar agua a los que estaban trabajando, a hacer cosas que otras mujeres no querían o no podían. Todo en esos años que van de 1930 a 1970. Personas como mi abuela han levantado un país miserable, ruinoso, famélico y hambriento, un país lleno de mierda y escombros, cuajado de señoritos y despreciables dictadores para convertirlo en un país de privilegiados, donde la sanidad es gratis, la educación es gratis, los derechos universales y la calidad de vida la tercera del mundo. Personas como mi abuela son aparcadas por otras más jóvenes, como yo, cuyo único mérito ha sido disfrutar de unos estudios que su generación no pudo adquirir.
Durante muchos minutos la vi vestida con su bata azul estampada y su mandil, con 40 años, en esa Maracena sucia y embarrada, subiendo a La Cueva, a hacer de comer mientras aguantaba los comentarios machistas de los "hombres" de la época. María Barrios Sánchez, mi abuela, vivirá siempre. No lo olvídéis por que este post está aquí para recordarla. MARÍA BARRIOS SÁNCHEZ, "LA JAMARGA".
La tenéis en la foto, a la izquierda en 1968, con 53 años. Ahora está irreconocible.

Cosas que me gustan

24 abril 2009

Me gusta cuando Jorge se acurruca sobre mi cara y se queda inmóvil, gustándose él y gustándole yo. Me gustan los ojos de Paula, me gustan las pequitas que tiene sobre la nariz y su piel, blanca y suave. Me gusta la risa de María del Mar, me gusta cuando dice "te quiero", me gusta que le guste, me gusta cuando me dice que le encantan mis guiños, me gusta que sea ella y que quien esté a su lado sea yo. Me gusta verlo todo verde, limpio, primaveral. Me gusta ver flores en el campo, me gusta el campo. Me gusta el mar, su salitre, su asepsia, su olor, su murmullo incesante. Me gusta la playa por la noche, cuando no hay nadie, cuando el agua resuena en las piedras de la orilla. Me gusta nadar desnudo, de noche, adentrame en sus aguas sin ver más que la hilera de luces de la costa. Me gusta el miedo estúpido de no saber que hay por debajo cuando nadas a oscuras. Me gustan los piononos, los milhojas, las tartas de nata y chocolate. Me gusta el adagietto de Mahler, el intermezzo sinfonico de Mascagni en Cavalleria, me gusta el aria "Recitar" en Pagliacci de Leoncavallo, me gusta llorar oyendo música. Me gusta escribir mientras oigo música, me gusta pensar que alguien se emocione leyendo mis cosas, me gusta ser útil, me gusta querer, me gustan las personas, me gustas tú. Me gusta montar en bicicleta y ver sitios que nunca antes había visto, me gusta la perspectiva desde la bicicleta, me gusta la libertad de ir a tu ritmo y con tus propias posibilidades. Me gusta subir una cuesta para mirar desde lo alto y sentirme orgulloso de haber logrado subir. Me gusta hablarle a la gente cada mañana. Me gusta la radio, me gusta presentar noticias en la tele, me gusta que me reconozcan en la calle, me gusta charlar con la gente. Me gusta saludar a quien conozco, me gusta conocer gente, me gusta conocer. Me gusta aprender, leer, estudiar, absorver cosas distintas. Me gusta un café en la Facultad de Filosofía y Letras. Me gusta estar con mis amigos. Me gusta Sergi, me gusta Carlos, me gusta Jose, Enrique, Francis, Miguel, Pepe, Consue y todos mis amigos. Me gusta llevarme bien con las mujeres, me gustan las mujeres, me gustan sus caderas y sus pechos. Me gustan sus andares y si miran para ver si has mirado. Me gustan cuando coquetean, cuando te dicen que les gustas pero sin decírtelo, me gusta gustarles. Pero esto es sólo una muestra, hay más cosas. Una última cosa: no me gusta echar de menos a nadie, no me gusta nada.

Difundamos la cultura, prohibamos la difusión gratis. Todo de pago, al estilo PRISA

Cada mañana, a las siete, me tomo un café en la misma cafetería. Cada mañana. Soy un hombre de costumbres, fiel a mis ideas y a mi gente. Es decir, un tío de costumbres. Una de esas costumbres, que ni al quitarme de fumar quise abandonar, es la del cafelito a primera hora. Es sagrado, mis maitines. Mientras tomo un café reparto mi buen humor mañanero con el camarero o camarera de turno, los clientes que cada mañana coinciden con uno en el ajetreo de cucharillas y rasgada de azucarillos. Apenas hacemos caso a la televisión que cuelga del techo y que cada mañana también, por costumbre, nos cuenta las desdichas de este puto mundo injusto y cruel. Hoy se ha repetido la rutina. Me subo en mi bicicleta, con mi parka Quechua, mis vaqueros, mi gorra y mis gafas, me dejo caer hasta la calle de la emisora de radio, aparco mi bici en un arbolito -estará el pobre hasta las raíces de mí- y entro en el bar. El camarero me dice buenos días, yo le contesto igual, agarro el IDEAL, saludo a los clientes y....... ¡la tele está apagada! ¡la radio no se oye! sólo el sonido de los aparatos de detrás de la barra y el ensordecedor estruendo del molinillo de café. Le pregunto a mi pelirrojo amigo el camarero y contesta que no pueden encender ni la tele ni la radio "ayer vino un inspector de la Sociedad General de Autores y Editores y comono pagamos dice que no podemos ponerlas".
Amos a ver ¿pero es que estamos gilipollas? Yo dirijo una radio, pago el canon, la SGAE, la Federación, los sellos y la Biblia en pasta para emitir música y contenidos de autores y a un precio más bajo por que no tenemos publicidad comercial. ¿No he pagado yo por esa música para emitirla gratis?¿Por qué ha de volver a pagarse esa misma música? Me dice un iluminado que las películas españolas van a desaparecer si la gente sigue bajándoselas de Internet. ¿Pero estamos gilipollas? ¿Quién coño se baja películas españolas de Internet? Esto es de dementes.
Total, que el bar estaba vacío de sonidos, triste, sin banda sonora, como las películas de Harold Lloyd. Bonita forma de difundir la cultura, PROHIBIENDO SU DIFUSIÓN. Esto es lo más parecido a la censura franquista. Anda y que les den a todos.

20 abril 2009

La vida se nos va en un soplo. No nos damos ni cuenta y ya han pasado demasiados años para casi todo. El tiempo es ese agua del manantial que fluye limpia y cristalina, que da la vida y la limpia, pero que igual que ella se escapa por entre lo dedos si la intentas atrapar. Así como el agua no se puede desperdiciar el tiempo que transcurre por nuestras vidas no debe utilizarse en balde o cosas vanas. Quizá sea por eso que mi vida transcurre muy rápida, demasiado a veces, y es por que me empeño en vivirla.
Llevo un mes y medio intentando atrapar ese agua y es imposible, se escapa por entre los dedos pero, además, se hace cierto ese refrán: "agua no vayas a beber, déjala correr". Claro que cuando el agua acaricia tus manos va acariciando tu piel, a más caudal más suavidad, más placer y cuando deja de pasar queda la humedad en tus manos, el recuerdo físico de que ahí estuvo pero se fue. Pero una vez que el agua se seca todo queda limpio. Así pasa en la vida, los años van pasando y el tiempo va limpiandolo todo.
A veces no sabemos vivir la vida, la malgastamos, como cuando abres el grifo para afeitarte y lo dejas abierto, estás desaprovechando agua y vida. Nos empeñamos en complicarla, en matizar demasiado, en enrevesarlo todo. Mientras complicamos las cosas la vida se nos escapa y no la vivimos. No es fácil, no obstante, mantenerse sin actuar. Esa actividad diaria es la que nos empuja a complicar las cosas, no somos conscientes de ello y cuando queremos darnos cuenta ya estamos en un callejón de difícil salida.
Cualquier cosa que digamos o hagamos afecta a terceras personas y es ahí donde yo aún no he aprendido a calibrar bien las distancias. Mis errores de cálculo son frecuentes, cada vez menos, pero se producen en demasiadas ocasiones. Por otro lado me siento bien cuando, descubierto el error, se enmienda y el agua vuelve a fluir. Vuelve a impregnarte de humedad, a limpiarte, a dar vida.
Vivid pero soñad.

Andalucía libre, España y la Humanidad

27 febrero 2009

Por Andalucía libre, España y la Humanidad. Eso dice una estrofa del Himno de Andalucía. Os voy a explicar que es para mí Andalucía. Lo primero de todo es que mi sentimiento nacional es un tanto ambiguo y disperso. Nacer en Barcelona, Cataluña, pasar mi adolescencia en Jaén y la edad adulta en Granada te hace sentir que no tienes una patria definida. Pero sí, por encima de todo me siento ESPAÑOL. Es algo que no puedo evitar. Es por eso que comprendo a quien se siente vasco, gallego o catalán por encima de todo. Yo lo entiendo, ahora quiero que me entiendan a mí cuando digo que me siento español. Pero Andalucía ¿qué es para mí? Bueno, he decir que no tengo un sentimiento especialmente arraigado en cuanto a mi andalucismo. Si me dijeran que mañana se dividiría Andalucía en la parte Occidental, la que fue durante años Castilla, la tierra de los latifundias y el señoritingo, y la Orienta, la del Reino de Granada, la del minifundio y las montañas, mi sentimiento cambiaría. Sí me siento fuerte en mis sentimientos hacia Granada, Málaga, Almería, Jaén e incluso zonas de Murcia. Esa es la que yo considero mi verdadera patria. Nacer en Cataluña fue circunstancial, mis padres vivían allí, se ganaban la vida allí por que aquí era imposible, ahora iremos al porqué. No obstante me siento muy barcelonés, me siento un poco catalán, por mi nacimiento más que culturalmente. De hecho me he resistido durante 25 años a olvidar mi segunda lengua, el catalán, aún lo puedo hablar con cierta soltura. Dicho esto y justificados mis sentimientos de Español, granadino y barcelonés, os cuento que significa para mí Andalucía, mi Andalucía, la de mis cuatro provincias orientales, la que trabaja.
Frente a las ricas y fértiles tierras que son bañadas por el Betis, aquel que los árabes llamaron el río grande, el Guadalquivir, frente a esas costas diáfanas y arenosas, blancas y verdes, frente a esas marismas y dunas, está la otra Andalucía. La de las tierras montañosas y escarpadas, la de las nieves y los desiertos, la de las calas pedregosas y las aguas frías, la Andalucía pobre. Ya Estrabón, en el siglo I, alabó la fertilidad de Tartessos, del río Betis y sus tierras, sus minerales, su pesca y sus gentes, pero también contó lo pobre que era la otra parte, la Bastetania. Sin embargo esa pobreza ha hecho de las gentes de mi Andalucía unas gentes trabajadoras, laboriosas, indomables, huídas de tópico que, arraigado en la Baja Andalucía, salpica injustamente a la Alta Andalucía. Salpica a la gran mayoría de gentes trabajadoras de Sevilla, Córdoba, Huelva e incluso Cádiz. Pero sobre todo a las de Almería, Jaén, Málaga y Granada. Estas gentes que escalonaron las laderas de sus montañas para sus cultivos de vides, tropicales y olivos, estas gentes que horadaron las duras entrañas de la tierra en busca del hierro que fundido en el Norte enriqueció a catalanes y vascos durante siglos, han visto como sus hierros se acabaron y como ahora no tienen trabajo. Esta tierra pobre lo es más por que sus recursos sirven para enriquecer a otros, nuestro aceite se va a Italia, nuestros minerales al País Vasco y nuestras gentes a Cataluña. Así fue durante siglos y así seguirá siendo. Nuestras manos levantaron otras tierras, ahora ricas y avanzadas mientras los nuestros aún viven en cuevas y son fotografiados como tribus atrasadas para vestir el album de el visitante foráneo, en ocasiones hijo del que se fue buscando una vida mejor. Pero no nos engañemos, la culpa no es de las gentes de esas otras tierras. Es nuestra por darlo todo, por no poner en valor nuestros escasos bienes.
Mientras en otras comunidades de esta federación de comunidades que unos llaman España y otros puta Espanya, como si les fuera ajena, luchan por lo que creen que les pertenece: su lengua, su cultura, sus infraestructuras e incluso sus dineros, aquí por no tener no tenemos ni la carretera de la costa, ni la que une la capital del viejo Reino Nazarí de Granada con su Mar Mediterráneo, ni AVE, ni tren, ni autovías, ni industria. Lo que si tenemos es políticos ineptos, aburguesados, empijados hasta el almidón de sus camisas italianas, anclados en sus Oes obrearas y sus eSes socialistas mientras viven tan bien o mejor que los señoritos de la oposición. Obreros con coches de lujo gobernando a obreros en paro, malo, malo. Señoritos esperando gobernar, peor aún. No es culpa de catalanes o vascos cuyo único pecado es amar su tierra. Es culpa de nuestros gobernantes, de ese Franco asesino y traidor que calló bocas del burgués del norte a base de dinero, de los de aquí que con cuatro perras y cinco cortijos calla mientras el pobre se ha muerto ya de hambre.
Eso siento yo de Andalucía, que una no me pertenece ni yo pertenezco a ella. Con mis respetos y sin desprecio alguno, solo con el sentimiento de que no es lo mismo. Que me siento perteneciente a una Andalucía pobre y olvidada, despreciada y arrinconada por la otra Andalucía. Que queda al descubierto del paraguas del estado, de un Estado que preocupado por arropar a los que se van por arriba, vascos y catalanes, descuida sus pies y los deja al descubierto, a la intemperie, expuestos a coger una pulmonía. Siento que seguirá siendo así y que si yo gobernara prevaricaría, no daría nada a nadie, solo a mi Andalucía Oriental, a mi Reino de Granada. Y a la pobre Extremadura, de la que nadie habla y que calla aún más que nosotros. Otros hermanos de hambre.
Últimamente me he reencontrado con mis compañeros de colegio en Barcelona, donde nací y me crié. He recordado lo que amo Barcelona, lo que amo mi segunda lengua, el catalán, lo que amo Cataluña y he recordado eso dicho: "El amor es la única cosa que cuanto más la repartes más tienes". Feliz Día de Andalucía para Jaén, Málaga, Almería y Granada, para la otra Andalucía también.

Amigos

13 febrero 2009

Hay una palabra que no me gusta nada: "rachas". Esta palabra no me gusta nada. Y sé por qué es. No soy todo lo constante que creo debería ser en las cosas y muchas veces he oído eso de "es por rachas". Maticemos, el palabro me es molesto cuando es utilizado como consecuencia de cualquiera de mis temporadas excéntricas de comportamiento. Sí, por que soy bastante excéntrico en algunas cosas. Además con los años noto que va a más. También me está mejorando el carácter, soy más afable, pero tengo "rachas", je je, de malafollismo agudo y pertinaz. Son, rachas.
Pero no sólo es aplicable al comportamiento, este adverbio de tiempo es perfectamente válido para los distintos aconteceres que se van sucediendo a lo largo de la vida. También es válida la palabra "temporadas". Hay rachas en las que todo te sale mal, otras en las que te salen trabajos por doquier, hay rachas de todo tipo. Ahora me ha venido una racha de encontrar viejos amigos y reencotnrarme con cosas del pasado. Voy a hablaros de esta racha, voy a hablaros de mis amigos.
Los amigos pueden definirse de miles de formas, yo tengo la mía propia. Si me permitís: para mí un amigo es esa persona que, sin necesidad de estar viéndose a cada instante, de estar llamándose diariamente o de presentarse en casa semana sí o semana no, sabes que está ahí para siempre. Para lo que necesites, de verdad, sin necesidad de pedir nada a cambio. También he descubierto con los años que los mejores amigos se encuentran en la edad adulta. Será por que mis amigos de niñez quedaron lejos en el tiempo y el espacio y me he tenido que forjar mi núcleo de amistades, el caso es que mis mejores amigos me han llegado en la edad adulta, todos menos dos. Hablaré de estos dos en primer lugar.
Durante mis vacaciones de verano en Maracena (Granada) era muy frecuente que me fuese a jugar al barrio de la que hoy en día es mi mujer, María del Mar la cual siempre ha sido mi mejor amiga, desde que tenía 15 años yo y 13 ella, curioso. allí, en el Barrio de los Caquis conocí a Félix, Luismi y Francis. Francis era primo de los otros dos pero estos no lo eran entre sí. El cuarto era yo que llegaba en verano contando historias de Barcelona, de mi cole, de mis amigos y de lo distinto que era aquello. A la vuelta a Barcelona contaba lo mismo pero a la inversa. Francis estuvo a mi lado como compañero de juegos toda la vida. Francis fue testigo de mis primeros amoríos, yo lo fui de los suyos, compartimos moto, vivencias, juergas, borracheras, salidas nocturnas, incluso trabajo. Sin embargo ni yo fui a su boda ni él vino a la mía. Tanto él como yo sabemos el porqué y no importa. Yo le debo una visita a su casa a ver a su niñita guapa. Francis es y será por siempre mi mejor amigo. Ese amigo que, aún con sus defectos, es tu amigo. Es el único amigo de la infancia que me queda. El otro es un caso curioso.
De los amigos de clase, del colegio, no me queda nadie. Nadie por que en mayo de 1983, justo al acabar 7º, nos fuimos de Barcelona. Ya lo he explicado en algún post. Ahora, 25 años después, casi 26, he encontrado a Sergi Aróstegui, era compañero de clase. No sé por qué pero su nombre se ha mantenido intacto en mi memoria, en esa memoria selectiva de la que tanto le gusta hablar a él. Su nombre y el de Francesc, Jaime y otros pocos más. Ahora recuerdo muchos, casi todos, gracias a Imma y a Francesc, a los que he vuelto a recuperar. Lo más curioso es que cuando me inicié en esto del Facebook me puse a buscar a mis primos y basta. Pero una tarde me dije, ¿podré localizar a mis compañeros de clase? y me puse manos a la obra. Encontré un Sergi, su cara era parecida a la que recordaba y le mandé un mensaje. Contestó pocos días después, era él. Esa tarde lloré como un descosido. Tres días después hallé a Imma y a Silvia. Ese día derramé las lágrimas de toda una vida así que creo que no volveré a llorar nunca más. Lo hice en silencio aunque María del Mar vio un poquito. Desde entonces Sergi no me ha abandonado ni un solo día. Cada día me acompaña, me manda mensajes, nos encontramos en el Facebook, el Messenger, nos hemos llamados un par de veces por teléfono. Nos hemos contado nuestras vidas, un pedacito de ellas, y estamos deseando darnos un abrazo real y no virtual. Sergi es ese caso singular, el compañero de clase que nunca había sido amigo y que 26 años después se convierte en amigo. Sé que será así para siempre. AMIGO, con las letras grandes como es su corazón y su comportamiento. No suelo equivocarme en esto, por eso los amigos se cuentan con una mano.
Por tanto me quedan sólo tres dedos. Jose y Carlos. Dos dedos. Nos vemos a menudo, los encontré cuando ya tenía 26 años y rondo los 39. Desde entonces nos hemos ido de vacaciones juntos, Cuenca, Benidorm, Alpujarra, Madrid, Costa Tropical, Carihuela, etc... comemos juntos siempre que podemos, jugamos a las cartas de manera que dejamos que gane Jose siempre, ja ja ja, son amigos de verdad. Son mis hermanos para siempre. Carlos es de esas personas que no tiene nada suyo, que lo que tiene te lo da de verdad y si puede te ofrece su corazón envuelto en papel de regalo. El jueves que viene nos vamos a tomar unas cañitas juntos, serán dos coca colas ya que ni él ni yo bebemos. José es totalmente distinto a Carlos, Jose es serio, formal y hogareño, es el punto de sensatez en nuestras reuniones. Yo soy un puente entre ambos, yo soy más gris.
Y por último Pepe. A Pepe me lo encontré en Barajas hace 10 años, jugaba a un juego de mesa en la terminal mientras llegaba el vuelo de Swiss Air que lo trasladaba a Zurich primero y a Viena Después. Allí sentados en ese hall enorme, solos, todo el día los mirábamos de reojo María del Mar y yo. ¿Irán donde mismo? Seguro. En efecto. En Zúrich, cogiendo el avión a Viena se sentaron detrás nuestra. Yo rompí el hielo con alguna chorrada, como siempre. Empezaron a reir. No han dejado de hacerlo hasta ahora. Pepe y Consue, a quienes conocimos en un viaje hermoso y en una tierra acogedora, hicieron d enuestra Luna de Miel algo maravilloso. Pero eso, que no dejaba de ser una coincidencia en el tiempo y el espacio, era una obra que había de fraguar. Tres días después de llegar de Múnich nos llaman, estaban en Granada con la hermana de Pepe y su novio. Fue como si lleváramos 15 años sin vernos. Ese día de San Juan no se me olvidará en la vida, en el Paseo de los Tristes, bajo la silueta de la Alhambra iluminada por sus luces nocturnas, realzado el rojo que le da nombre, Alhambra es en árabe La Roja, descubrí que tenía unos nuevos amigos, Pepe y Consue. Como decían los Manolos, amigos para siempre. Hemos asistido a los nacimientos de nuestros hijos, a bodas de familiares, concemos todo de todos, vamos a Murcia y vienen a Granada. Son amigos y punto. Tengo un sexto sentido para esto.
Luego tengo otros grandes amigos, Enrique Reyes, Andrés Mariscal, Manu Tallón, J.F. Ruano, David Soria al que debo tanto y tanto quiero, al que quisiera poder ayudar más, recientemente he encontrado a Kiko, mi vecino, un tío bondadoso y cuyas dádivas son desinteresadas, Francis, los dos Migueles, Miguel Melguizo y Miguel Giralte. Son amigos de verdad, de esos que por ser más cotidianos pueden no parecerlo tanto pero sí lo son.
Estoy en la racha de los amigos. Viva esto.

Memorias de la Verneda. Capítulo 2

01 febrero 2009

En el último post os contaba algo de mi infancia. Es curioso como se han precipitado los acontecimientos. Del último post a esta parte he encontrado a tres compañeros. Una de las que creía haber encontrado resultó ser una falsa alarma pero dos días después, a través de Facebook, redibí un mensaje devuelto. Le preguntaba a un chico llamado Sergi de Aróstegui si era aquel Sergi que era compañero mío en clase. En efecto, lo era. El corazón se me quería salir del tórax, la sangre fluía aceleradamente y las lágrimas afloraron levemente. 25 años después supe algo de alguno de ellos. Inmediatamente entramos en contacto. Al día siguiente al llegar al trabajo me metí en el ordenador para volver a ver el mensaje, no lo podía creer. Localicé una página del Colegio y me encuentro un mensaje de una chica que afirmaba estar en clase con Sergi Aróstegui. Inmediatamente le envié un mensaje, seguro de que no se acordaría de mí. Imma Vicent, recordaba perfectamente su nombre y lo pizpireta que era, me contestó de inmediato, que sí, que me recordaba.
Imma Vicent ha sido, pero con muchísima diferencia, la alegría más enorme y satisfactoria de los últimos años. Ha sido casi comparable al nacimiento de mis hijos. No es una exageración. Irme de Barcelona, aunque al principio fue una aventura, resultó ser un problema para mí. Los primeros meses en Jaén no me adaptaba al colegio, era ya 8º, no me adaptaba a un régimen escolar rudo y anticuado en lo docente pero flojo en lo académico. Recuerdo al profesor Antonio Pastor que, apesadumbrado por mi acento, me tiraba de las patillas, recuerdo a un larguirucho Ureña, más alto y fuerte que yo, que me decía despectivamente: 'el catalán'. Menos mal que siempre me han sobrado narices y un día en el patio, delante de todos, le dí una tunda importante. A partir de ese día se acabaron los motes y apodos despectivos y sí, era y soy catalán. A mucha honra. Fue horrible, con 14 años casi. Claro, era en esos momentos cuando me acordaba de mi clase, mi pupitre, mis compañeros, mi patio, esas escalera metálicas que bajaban a ese patio amplio y diáfano. Fui creciendo física y humanamente hasta que todo pasó. El Instituto fue una época imborrable, hice grandes amigos, las primeras novias, destaqué en el baloncesto, repetí algún curso, fui delegado de clase, me iba bien en definitiva, todo quedó olvidado. Pero yo siempre eché de menos a mis compañeros de clase y esos recuerdos se borraban, cada vez más, parecían un sueño, casi una mentira, algo que sustentaba una fábula increible. Pero Imma, mi querida Imma, con la que no tuve mucha relación en clase pero que, curiosamente no tenía olvidada, aparece con toda su dulzura, toda su memoria y regalándome sus recuerdos. Unos recuerdos que reviven los míos y destrozan de un plumazo las fábulas para convertirlas en realidad, unos recuerdos que te despiertan del sueño y te llenan de vida. La infancia perdida nace de nuevo y por unos instantes te ves allí, en esos pupitres beige con las patas verdes, en esos pasillos, en el patio, en el colegio.
Después encontré a Silvia Vidorreta, que tanto nos gustaba a todos los chicos, ella y la Oliva. También parece haber aparecido Mario Marina y, quizás, el Xisco que tan amigo mío era. No doy con Mari Ángeles Tirado, que me gustaba más que ninguna, qué vergüenza, a estas alturas pero bueno teníamos 13 años, era normal.
Es por eso que este post se lo quiero dedicar a todos mis compañeros de clase, a todas mis compañeras de clase, en especial a Sergi, Silvia e Imma, en especial a ella que no me ha dejado solo ni un momento desde que nos volvimos a encontrar, a Imma que me hizo llorar de alegría la semana pasada.
Dicen que llorar no es malo, que es una vía de escape y te relaja. Pero llorar de alegría y felicidad como llevo estos días no es que no sea malo, es maravilloso. Cada mensaje de Silvia, Sergi e Imma me alegra el día, me motiva más y me devuelve algo que había perdido: mi infancia. Os quiero amigos.

Cuando los recuerdos se borran. Memorias de La Verneda. Capítulo 1

25 enero 2009

Estoy en plena fase nostálgica de mi vida. Creo que son los 39 años que asoman por mi carné y que me arrollarán en mayo. El caso es que últimamente me acuerdo mucho de mis abuelos fallecidos, de cosas del pasado y de otras cuestiones que, aún estando presentes, nunca habían sido un asunto principal. Nací en 1970, en Barcelona, ciudad de la que me vine en mayo de 1983 a Andalucía, primero a Jaén, con paso fugaz por Almería, y luego a Granada, en 1989, hace 20 años. Por tanto, he estado más tiempo fuera de Barcelona que en ella. Sin embargo esos años fueron cruciales en mi vida ya que supusieron lo más importante en la vida de un ser humano: la infancia. Pero he comprobado cómo los recuerdos de la infancia, que de por sí son complicados de arraigar en el cerebro por varios motivos como el tiempo transcurrido o lo distinto que se ven las cosas con esa edad, se van perdiendo si no los ejercitas, incluso los que quedan pueden ir distorsionándose. Es por ello que me esfuerzo enormemente en no perder los recuerdos de mi barrio de Barcelona, La Verneda. Estos días he descubierto en Google Earth, a través de la herramienta Street View, fotos actualizadas de mi barrio, de mi calle, de mi portal, del parque donde jugaba, de mi colegio, de su patio y de las calles aledañas. he de señalar que está todo tal y como lo recordaba, que he trabajado bien la memoria pero que volver a ver las imágenes, sin tener que esforzar la mente me ha supuesto varios días lacrimógenos. Igualmente, he encontrado alguna compañera de clase, he visto vídeos de mi colegio, he contactado con gente del barrio en Facebook y esos recuerdos que se perdían para siempre han vuelto a reverdecer, han aflorado en mi cerebro y me han devuelto algo de vida. Sucesos que estaban difusos en mi memoria han aparecido con enorme claridad. No quiero que se vuelvan a perder así que voy a ir escribiéndolos aquí con la idea de volver a leeerlo una y otra vez, con la idea de que si alguien puede aportar datos o dejar su comentario enriquezca este ejercicio de memoria, con la idea de que cuando falte de este mundo, mis hijos, Paula y Jorge, sepan algo de lo que su padre casi no habla: que es de Barcelona, de la Verneda y que allí fue felíz y que no habla más de ello por que le entristece.
Hace 25 años que me vine de La Verneda y no he vuelto a ir. Es de vital importancia para mí recordar las Calles Concilio de Trento, Guipúzcoa, Fluviá, Huelva, Selva de Mar o Menorca. Lo es recordar el colegio Emilia Pardo Bazán, ahora Bac de Roda, y los días allí. Es curioso pero al no poder encontrarme con amigos de clase no he participado de conversaciones esas de: "te acuerdas de cuando ...., te acuerdas del...., te acuerdas de la profesora aquella...." que sin embargo sí tengo del Instituto, de la Facultad, de los distintos trabajos que he tenido. Esas conversaciones refrescan la memoria y como no las he tenido de mi infancia, por que me fui de La Verneda para no volver, mis recuerdos del colegio se borran cada día más. Aún recuerdo cómo pensaba en clase de 8º de E.G.B. en Jaén en mis amigos de La Verneda, como recitaba de memoria la lista de clase, esa lista que apenas había variado en siete años, incluso recuerdo haberla escrito a mano en clase. Sin embargo ahora ni lista, ni recuerdos, ni nombres ni mucho menos las caras, tan solo unos cuantos nombres y apellidos sueltos y alguna anécdota. Voy a empezar a escribir aquí esos recuerdos con tal de que no se borren y se pierdan para siempre. el primero es el último día que estuve en Barcelona.
Era un día alegre, 20 de mayo de 1983. Desde que tengo uso de razón mi madre sólo había tenido una idea en mente, volver a Granada. Cuando emigras a un sitio fuera de tu tierra por necesidad te haces a la idea de que no volverás en mucho tiempo, incluso puede que no vuelvas nunca. Pero cuando te vas destinado por necesidades de tu trabajo siempre tienes la esperanza de volver, cuanto más pronto mejor. En el caso de mis padres pasaron 14 años allí. Por eso era un día feliz, todos queríamos irnos a Granada, incluso nosotros. Pero lo cierto es que no volvíamos a Granada, nos trasladábamos a Jaén, que está a 100 kilómetros de Granada y donde apenas teníamos familia, mi tío Pepe y unos primos que vivían en la otra punta de la ciudad, si se le puede llamar ciudad a Jaén. Ese día 20 de mayo recuerdo que estuvimos metiendo cosas en el camión de la mudanza toda la mañana, que nos ayudaron mis primos Manolo e Irene, que al despedirnos de ellos en Concilio de Trento, lloramos mucho, que mi madre miró el bloque y casi ya no quería irse. El día antes, viernes, fui al cole por última vez. Me hicieron una especie de dispensa y me examinaron antes de irme todos los profesores. Recuerdo perfectamente el examen de catalán, oral y a todas luces innecesario ya que me iba a Andalucía. Ese día pasaron muchas cosas, por ejemplo que en el patio, donde ahora parece que hay una escuela infantil, me dieron un balonazo en la cabeza y me dejaron sin sentido por un momento, recuerdo que ese día me senté al final de clase y que no paraba de mirar a mis compañeros y compañeras, como si supiera que nos lo vería nunca más. Cómo me gustaban Silvia Vidorreta y Mari Ángeles Oliva. Ese día jugué con Peña y Martínez, los dos empollones, con Juan Carlos Medina y con Pedrola. Al salir de clase hice unas fotos de la que sólo me queda una. En ella se ven Raúl, al que decíamos 'pescailla', Mario, que jugaba muy bien al fútbol, Domingo Fuentes que era un cachondo y tenía gracia como nadie, en la foto sale junto a la seño de Catalán poniéndole cuernos, y Pedrola. Mi mejor amigo, Jaime del Prado Garifo, no sale, él se iba rápido a casa. De ese último día de colegio recuerdo que, sentado al final de la clase, una clase muy iluminada por detrás y oscura en la pizarra, con un techo de dos alturas, creo, me regaño el profesor de Lengua Española por que, conmocionado por el balonazo, apenas pude responder a sus preguntas, el pobre hombre, cuando los compañeros le dijeron lo que había pasado se escusó y dijo: "de todas maneras ya no sirve para nada lo que hagamos hoy ¿verdad Emili? Por que yo era el Emili. Más tarde, ya en casa, la madre de Jaime le dejó ir a despedirse y Jaime vino a casa, subió los 13 pisos y me encontró ayudando a embalar cosas. Me dejaron bajar a la calle Concilio de Trento y allí jugamos a las canicas un buen rato hasta que el débil silbido de mi padre me advertía de que era hora de volver a casa. Así transcurrieron mis últimas 24 horas en Barcelona, entre el 19 de mayo de 1983 y el 20 de mayo de ese año. Quién me iba a decir que un 19 de mayo, el día que fui por última vez al cole en Barcelona, el día que me dieron un balonazo, el día que hice esa foto, 18 años después, nacería mi hija Paula, también un 19 de mayo. Recordando me he dado cuenta de lo curioso de esa casualidad. Por eso es bueno recordar.

Los coches de nuestra vida

20 enero 2009

Este post está dedicado a mi hermana Belén y a mis primos Germán, Silvia, Jose, Eva, Moisés y las dos Inmas por que con ellos he disfrutado mucho y junto a ellos mi infancia ha sido muy especial. A lo largo de nuestras vidas muchas cosas o personas acaban dejando una indeleble huella en nuestra memoria. En mi caso las personas lo son todo, además de mi familia más directa, padres y hermana, la de segundo grado pero con la que más rozas, primos hermanos, tíos y abuelos. Pero también otras que se convierten en familia con el paso de los años como la Señora Rita o el Señor Cándido, dos seres buenos y amables que me cuidaron de pequeño y me enseñaron algo del catalán que ellos hablaban en su Zorita del Maestrazgo. De ellos recuerdo unos juguetes que me tenían guardados para cuando íbamos a verlos a Premiá de Mar. De Santiago, su hijo mayor, recuerdo que me trataba como a un hijo y que tenía un Seat 850. Hete aquí que siempre hay un coche y como en ellos pasábamos las horas previas a unas vacaciones, un domingo de campo o una visita a familiares lejanos pues se convierten en objetos de recuerdo perenne. Nosotros tuvimos un Renault 8 bifaro, un Seat 124 DLS y ya por último un Volkswagen Jetta. Mi tía Conchi dispuso de un Reanult 7 que fue con el que me enseñaron a conducir, mi tío Germán tuvo un Seat 600 descapotable o practicable, mejor, después un Dyane 6 y luego un Renault 4. Vinieron un Corsa y una Cangoo detrás. Mi tío Pepe tuvo un 600, un Renault 6, un Land Rover y otro Renault 6. Yo mismo tuve como primer coche un radiante Renault 5 GTL. Recuerdo el Simca 1200 de mi primo José o el Simca 1000 de mi suegro. Por supuesto los fastuosos Seat 1500, el "milqui", que paseaban en ingente número en color negro y amarillo como taxis por el centro de Barcelona rodeando la Plaza de España donde trabajaba mi padre. También recuerdo, ¡cómo olvidar!, las 12 horas de viaje de Barcelona a Granada sin autovías, con un R-8 cargado hasta arriba y con muchas ganas de enredar. ¡Ah! y como uno es un nostálgico, antes de comprarme mi flamante Kia Magentis, estuve 21 días sin coche por avería del viejo Opel Vectra fue entonces cuando mi amigo Carlos que tiene siempre 4 ó 5 coches en cartera me dijo "te presto el que quieras" y cogí el Renaul 12 TS, por supuesto. Ved el vídeo y disfrutar de "Los coches de nuestra vida".

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