Mis recuerdos, como los de todos, están unidos a personas, momentos, sonidos y emplazamientos. Sitios, lugares, ubicaciones donde hemos estado o con las que hemos soñado. Ayer, yo estuve en Madrid. He ido muchas veces a Madrid, bastantes. Es un sitio que me gusta, para estar un rato. No creo que pudiera vivir en Madrid, este barcelonés se ha vuelto chico de provincias y huye del bullicio de la gran ciudad. Os voy a contar, si os interesan, mis recuerdos en Madrid.
Lo primero de todo es que casi siempre que voy a Madrid es a trabajar o a cuestiones relacionadas con mi trabajo. La primera vez casi no vi nada. Atravesé Madrid como un rayo mirando por la ventanilla de un Audi, Plaza de Legazpi, espaldas del mercado, Atocha, Paseo del Prado y de ahí a un subterráneo. Paseito a la Puerta del Sol y a comer en el Museo del Jamón. Un cocido y camino de la Federación Española de Fútbol, a trabajar. Me trataron fatal, la primera vez que fui me pareció que me trataban con guasa por mi acento, ya tenía este acento raro que no se sabe muy bien de donde es. Ahora sí es muy granadino pero hace 15 años era un batiburrillo extraño.
Pero luego la cosa mejoró. Más veces en la Federación Española de Fútbol, con tiempo para visitar museos y ver sitios. Con María del Mar, que está enamorada de Madrid. Es mi sino, las mujeres de las que me he enamorado a todas les encanta Madrid. También al Comité Olímpico Español, a IFEMA, al Palacio de Cristal de la Casa de Campo. En definitiva, siempre a trabajar pero también ha habido tiempo para el ocio. Uno de los mejores momentos fue acudir a recoger un premio de la Asociación Nacional de Televisiones Locales por mi programa "Carta Blanca", un programa que hacía un auténtico elenco de enormes profesionales y que tuve el grandísimo honor de dirigir un par de años. Ese día no lo olvidaré, pues fue el día de la pedida, sí, de mano del Príncipe a Doña Letizia.
Otra vez fue en mi luna de miel, unos días antes de irnos a Austria y unos días después de venir de Austria. Puerta del Sol, Gran Vía, Calle y Plaza Mayor, el Retiro, la Casa de Campo, la Plaza de España, La Latina, Chamberí, Chueca, Paseo del Prado, La Castellana y el famoso Café Gijón, el barrio de Barajas, Chamartín, etc... He tenido tiempo de correr y recorrer Madrid durante años y siempre me ha gustado pero también, sin llegar a odiarla, me ha disgustado. Su tráfico, su contaminación, el ruido, el mirar para todos lados y no ver montañas o campo, las prisas, la escasa atención que nadie te presa, todos a lo suyo, no estoy acostumbrado a ello.
Ayer estuve en Madrid y ayer fue distinto, ayer me enamoré de Madrid. Me sigue disgustando todo lo antes mencionado pero ayer me dijeron "es Madrid, aquí tenemos de todo y hay que pagar un precio". Estuve sentado en un banco esperando mi recuerdo y mientras, detrás mía, unos niños jugaban. Entre el bullicio de coches, edificios, gente y trasiego sólo se oían risas y cantos, lloros y reproches infantiles. Comí en un sitio pequeño, agradable, me trataron de lujo, me paseé por Chamberí, estuve en la puerta de don José Luís López Vázquez, justo el día siguiente de su pérdida fatal y me emocioné. Y me tomé un café con mi recuerdo, a la luz de dos luces verdes o azules. Brillaban tanto que no sabría decir si eran azules verdosas o verdes azuladas, pero que dos luces. Ayer Madrid me enamoró por que por primera vez me dí cuenta de que en Madrid hay personas que viven sus vidas enamoradas de su ciudad, por que en ella hay niños, por que en ella hay vida y sobre todo, por que en ella tengo yo un recuerdo.